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El impuesto a la exportación de granos castiga a los agricultores

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El impuesto a la exportación de granos castiga a los agricultores

El proyecto de ley “que establece nuevas disposiciones impositivas para la exportación de granos en estado natural”, acarreará una serie de consecuencias no deseadas, nocivas para los productores nacionales y para la economía en general, mientras favorecerá a las industrias multinacionales que exportan subproductos de la soja como aceite y harina.

La soja, el maíz y el trigo son productos cuyos precios están fijados por los mercados internacionales, y que responden a factores no controlados por los productores locales. La ley implicaría una reducción del precio y por tanto de la facturación total los productos citados. Esto se debe a que si bien el impuesto en teoría lo deben tributar los acopiadores, éstos van a trasladar ese impuesto a los productores, pues no pueden cargar los costos a los precios internacionales vigentes, con lo cual los afectados finalmente serán los agricultores.

De hecho, los datos indican que los márgenes de las últimas dos campañas de maíz y trigo son negativos, por lo cual dichos cultivos podrían desaparecer y se produciría una “sojización” del Paraguay, ya que la soja sería el único producto con margen de contribución al ingreso de la finca. Esta medida implantaría un monocultivo como ocurrió en Argentina y que hasta ahora no existía en Paraguay.

  • La ley grava solamente los granos en estado natural, pero no el procesamiento de los granos, es decir, el aceite y la harina. Esto discrimina a los acopiadores que no tienen fábrica y los que sí tienen fabrica, generando por  tanto, una diferencia que distorsionaría  el mercado de acopio  en un  15%. Esto significa que las empresas que tienen fábrica (Cargill, LDC, Bunge, AGD, ADM, entre otras) van a descontar el 15% del impuesto al comprar los granos a los productores, porque así lo establecen todos los contratos. Luego, en el momento de abonar el tributo a Hacienda, solo pagaran por lo que exporten en grano ya que al exportar el producto procesado no pagan nada al fisco y se embolsarán la diferencia que YA le descontaron al productor. Con esta diferencia el productor estaría subsidiando a las multinacionales en detrimento de las cooperativas de producción y otras empresas nacionales. A esto posiblemente un contra argumento sería: “que las cooperativas inviertan en fábricas entonces!”. A este argumento le falta solidez por varias razones:

Los propulsores del proyecto sustentan la postura de que se debe incrementar el valor agregado a la soja en estado bruto, por lo cual eximen a las industrias del tributo propuesto. Este razonamiento es engañoso por cuanto parte de supuestos falsos, válidos para otros mercados pero no para el de granos en particular.

  • Uno de estos supuestos es que la industrialización de la materia prima le agrega un valor apreciable a la exportación. En el caso de la soja, la transformación en harina o aceite le agrega un valor no mayor al 20%, con mínima ocupación de mano de obra. Una aceitera moderna con capacidad para procesar toda la producción de Paraguay solo emplearía alrededor de 150 personas en forma directa.

 

  • Ser competitivos en ese mercado implicaría un volumen de producción muy superior al posible, y una cadena productiva que abarque distintos países, como las multinacionales que tienen sucursales en Argentina y Paraguay, capacidad que no tienen las empresas nacionales ni las cooperativas, que si son competitivas en la producción de granos para la exportación.

 

  • La capacidad instalada de procesamiento de Paraguay es actualmente de unas 4,5 millones de tons, pero su capacidad de producción en años buenos es  del doble. En años malos sin embargo, la capacidad de producción es de sólo esas 4,5 millones, por lo cual las inversiones industriales no serían rentables, ya que el incremento de la producción es mucho más lento.
  • Otros datos relevantes se refieren al endeudamiento de los productores debido al pronunciado descenso de los precios internacionales:
    • La deuda promedio del agricultor es de $1.000 por ha., con un plazo promedio de 1,5 años y una capacidad de generar margen de solo de $300 x ha.
    • Se estima que entre 15 y 20% de los productores perderán activos (maquinaria, campo, etc.) por efecto del alto endeudamiento.
    • El único producto que aporta renta al campo es la soja. El maiz y el trigo han perdido ya casi toda su rentabilidad y solo sirven de cobertura. Se está plantando soja sobre soja en grandes superficies por esta razón.
    • Los precios de los campos están sobrevalorados. Hay que vender pero no hay compradores.
    • La situación de Brasil y del real complica la expectativa del maiz y del trigo

Fuente: El Agro