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Volveremos a enfrentar el drama de la falta de crecimiento?

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Volveremos a enfrentar el drama de la falta de crecimiento?

No se trata solo de números fríos, pues este tipo de crecimiento genera un proceso de transformación social sumamente positivo.

En el tema social, en donde venimos con enormes e inaceptables rezagos desde hace décadas, el periodo de crecimiento sostenido ha permitido, por ejemplo, disminuir los índices de pobreza del 48% al 22% aproximadamente.

Si bien es cierto, no siempre crecimiento económico significa necesariamente mejores condiciones de vida para todos los ciudadanos, hoy sabemos fehacientemente la vinculación directa que existe entre estos procesos de crecimiento, la creación de empleos, la mejora de ingresos y la salida de la pobreza.

De hecho, más de tres cuartas partes de la disminución de la pobreza se explica precisamente por la creación de empleos, producto de los años de sostenido crecimiento.

Paralelamente, se generó un surgimiento considerable de la clase media en el país y esto implica no solamente un grupo importante de personas con mejores ingresos, sino también con una nueva cosmovisión, con expectativas y demandas muy diferentes.

En el aspecto sicosocial, el optimismo hacia las oportunidades reales que tiene nuestro país para el desarrollo desembocó en inversiones de todo tipo y de a poco fuimos rompiendo nuestro histórico y tradicional aislamiento, integrándonos cada vez más con el mundo.

En los inicios de todo este proceso en el 2004, fuimos capaces como sociedad de avanzar con una reforma impositiva clave, fruto del consenso político que permitió un aumento significativo de las recaudaciones y una mayor formalización de la economía. Falta mucho en este sentido –particularmente en la calidad del gasto–, pero es bueno reconocer los grandes avances.

El gran problema que enfrentamos es que las excelentes condiciones externas que impulsaron con fuerza este superciclo de crecimiento –precios altos de commodities y bajas tasas de intereses, entre otros– ya se acabaron y las cosas no volverán a ser las mismas por mucho tiempo.

No se trata solo de algo pasajero, son condiciones nuevas y permanentes.

¿Volveremos entonces a enfrentar el drama de la falta de crecimiento? Con todo lo que ello implica en términos de volver atrás en las conquistas sociales que se fueron consiguiendo y en el proceso de modernización iniciado.

Esto no es algo nuevo para nuestro país y la región. Días atrás, el Dr. Augusto de la Torre –economista en jefe del Banco Mundial para América Latina y el Caribe– comentaba en una conferencia que el crecimiento ha sido el gran drama de América Latina en los últimos 100 años.

Si comparamos a la región latinoamericana con un país desarrollado como EEUU en términos de ingreso per cápita, hace 100 años nuestra región en promedio tenía un ingreso per cápita que representaba el 30% de EEUU. Hoy representa el 25% y en el caso del Paraguay, alrededor del 15%. En términos relativos, nos vamos alejando de aquellos países más desarrollados y eso tiene sus consecuencias en la calidad de vida de los ciudadanos.

El desarrollo tiene muchos condimentos y uno de ellos es el crecimiento sostenido por largos periodos de tiempo. Eso es algo en lo cual debemos enfocarnos actualmente, asumiendo que los vientos favorables de cola ya no existen y por ende, serán más bien los factores internos los que nos permitan mantener el ritmo.

Nos queda encarar reformas importantes, como la que fuimos capaces de consensuar en el 2004 y esta es una función esencial de la dirigencia en general.

Muchas veces, son las crisis bien profundas las que obligan a efectuar reformas. Ojalá no tengamos que llegar a eso en los próximos años.

Fuente: UH