La posible decisión de la Unión Europea de cerrar todas las importaciones de biodiesel elaborado a partir de soja, sin distinguir origen, encendió señales de alerta en la industria del biocombustible y en la cadena sojera del Mercosur.
La medida, aún en etapa de consulta, podría convertirse en una barrera comercial de fuerte impacto económico, especialmente para países exportadores como Argentina, Paraguay y Brasil.
Así lo advirtió a Valor Agro Luis Zubizarreta, presidente de CARBIO (Cámara Argentina de Biocombustibles), quien explicó que la iniciativa europea se enmarca en nuevas regulaciones ambientales vinculadas a la lucha contra la deforestación, pero que, según sostuvo, parte de supuestos técnicos erróneos.
“La Unión Europea está intentando recategorizar a la soja como un cultivo asociado a la deforestación y colocarla en una lista negra. Eso es un error metodológico grave, porque en Argentina la superficie de soja no solo no crece, sino que viene retrocediendo”, señaló.
Zubizarreta remarcó que el sector sojero y la industria del biodiesel en Argentina cuentan con sistemas de certificación ambiental desde hace años, incluso para exportar al propio mercado europeo, y que existe disposición a mejorar esos estándares, pero no a aceptar una exclusión generalizada.
“Estamos dispuestos a seguir mejorando las certificaciones, pero jamás a ser incluidos en una lista negra basada en estudios sin sustento científico. Esto es, en los hechos, una medida proteccionista”, afirmó.
Un impacto que va más allá del biodiesel
De concretarse la prohibición, el golpe no se limitaría al biodiesel. Según explicó el titular de CARBIO, la recategorización de la soja afectaría también a exportaciones de aceite y, eventualmente, de poroto, ya que Europa utiliza aceite de soja importado para producir biodiesel dentro del propio bloque.
“El perjuicio va mucho más allá del biodiesel. Si la soja entra en una lista negra, se corta buena parte del flujo de aceite hacia Europa y hasta parte del comercio de poroto. Para la industria del biodiesel argentino, directamente significa su desaparición”, advirtió.
En términos económicos, recordó que en 2025 las exportaciones rondan los US$ 350 millones, pero que en años anteriores superaron los US$ 1.000 millones, y que el potencial futuro podría ubicarse entre US$ 1.000 y US$ 1.500 millones anuales, hoy en riesgo.

Luis Zubizarreta de Argentina
Un problema regional en clave Mercosur
Zubizarreta subrayó que la medida europea también afecta de lleno al Mercosur, ya que Brasil y Paraguay son actores clave en la producción y exportación de soja, aceite y biodiesel.
“Esto daña a todo el Mercosur. Brasil, Paraguay y también Estados Unidos exportan productos de soja. Estamos trabajando para que el reclamo sea regional y se transforme en un tema central de la agenda diplomática”, explicó.
La situación genera particular tensión en un contexto político sensible, ya que se produce poco después de la firma del acuerdo Mercosur–Unión Europea, lo que abre interrogantes sobre la coherencia entre la apertura comercial y la aplicación de nuevas restricciones ambientales.
El debate interno: una ley para el desarrollo del biodiesel
Finalmente, el Presidente de CARBIO insistió en la necesidad de reformar la legislación argentina de biocombustibles, promoviendo mayores cortes, competencia y reglas de mercado.
“Necesitamos una ley similar a la de nuestros competidores, donde el precio lo fije el mercado, sin cupos ni discriminaciones. Eso permitiría inversiones, empleo y mayor agregado de valor a la producción agrícola”, concluyó.
Mientras la Unión Europea avanza con el proceso de consulta, el sector privado y los gobiernos del Mercosur buscan articular una respuesta conjunta, conscientes de que la discusión trasciende al biodiesel y pone en juego el futuro de una parte central del complejo sojero regional.



