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Para Cristaldo, Europa “baja aranceles pero suma restricciones” y agrega volatilidad al mercado sojero

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Para Cristaldo, Europa “baja aranceles pero suma restricciones” y agrega volatilidad al mercado sojero

Las nuevas exigencias que evalúa la Unión Europea para el comercio de biocombustibles vuelven a encender señales de alerta en el mercado regional de la soja. En particular, la posibilidad de prohibir la importación de biodiesel elaborado a partir de aceite de soja introduce un factor adicional de incertidumbre para los países del Mercosur, entre ellos Paraguay, en un contexto donde el acuerdo birregional aún no termina de despejar sus interrogantes.

De esta manera lo comentó el presidente de la Unión de Gremios de la Producción (UGP), Héctor Cristaldo, en diálogo con Valor Agregado Radio, al analizar el impacto potencial de estas medidas sobre la cadena sojera y el comercio agroindustrial.

Según explicó, más allá de la baja de aranceles contemplada en el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, desde hace años se vienen gestando “trabas no arancelarias” que terminan afectando la competitividad de los exportadores sudamericanos. “Europa es proteccionista y va a generar todo tipo de restricciones artificiales, no basadas en ciencia, con tal de restarnos competitividad”, señaló.

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Cristaldo recordó que ya desde 2023 circulaba en Bruselas la propuesta de modificar la clasificación del aceite de soja destinado a biodiesel, una decisión que ahora comienza a tomar forma concreta. “Por un lado bajan aranceles y generan expectativas de mayor acceso, pero por fuera del acuerdo te dicen que ese aceite no sirve para biocombustibles. Ahí se pincha el globo”, resumió.

Impacto en el mercado sojero

Para el titular de la UGP, el primer efecto de este escenario es la volatilidad en las reglas de juego, lo que obliga a actuar con mayor cautela en las negociaciones comerciales. “Esto genera incertidumbre. Hay que ir paso a paso, ser prudentes y no ser triunfalistas con las expectativas de acceso al mercado europeo”, afirmó.

En el caso paraguayo, Cristaldo relativizó el peso específico de Europa como destino comercial. Indicó que el intercambio es marginal frente a otros mercados: Paraguay importa desde la Unión Europea cerca de US$ 392 millones anuales, mientras que exporta poco más de US$ 150 millones en productos como soja y derivados, principalmente harina. “Paraguay y Europa son insignificantes en términos de comercio bilateral”, subrayó.

En ese sentido, consideró clave avanzar en una mayor diversificación de destinos. “Tenemos que buscar otros mercados y disminuir la alta dependencia que hoy tenemos, especialmente del mercado argentino, distribuyendo mejor los riesgos”, sostuvo.

Mirar más allá de Europa

Consultado sobre la posibilidad de que estas restricciones sean replicadas por otros compradores, Cristaldo fue claro: no ve probable que ocurra a gran escala. “El mundo necesita alimentos. Europa es la que está generando este tipo de trabas por su fuerte proteccionismo. Otros mercados no están en esa lógica”, explicó.

En contrapartida, mencionó oportunidades en regiones como Oriente Medio y el sudeste asiático, donde observa mayor previsibilidad y estabilidad en las reglas comerciales. Si bien reconoció que los desafíos logísticos son mayores, especialmente por distancia y costos, destacó que se trata de mercados con una demanda estructural creciente de alimentos.

“La señal es clara: el acuerdo puede ser atractivo en los papeles, pero en paralelo aparecen restricciones que hay que mirar con lupa. El verdadero desafío es evaluar cuánto va a beneficiar realmente a nuestra economía y, mientras tanto, seguir abriendo y consolidando mercados alternativos”, concluyó.