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Con US$ 5 millones: ¿importar 5.000 vientres o producir 50 mil terneros?

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Con US$ 5 millones: ¿importar 5.000 vientres o producir 50 mil terneros?

Foto: Eugenia Villalba - Ver de Campo

Por Guillermo Crampet – Valor Agro

La ganadería paraguaya atraviesa uno de esos momentos bisagra que obligan a detenerse, mirar los números y, sobre todo, reflexionar con serenidad.

No es una discusión ideológica ni coyuntural. Es estructural. El país viene de perder más de un millón de cabezas en los últimos años, el mundo demanda cada vez más carne, los precios acompañan y, al mismo tiempo, el consumidor interno siente el impacto en el mostrador.

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En ese cruce de variables aparece una urgencia política y sectorial: recuperar oferta para equilibrar precios sin resignar el perfil exportador que tanto costó construir.

En ese contexto surge la propuesta de destinar alrededor de US$ 5 millones a un programa de financiamiento de largo plazo para importar 5.000 vientres desde Argentina o Brasil. Una idea que generó ruido, consultas y debates intensos. No por capricho, sino porque muchos actores del sector la ven como una salida tan costosa como marginal frente al verdadero desafío de fondo: la eficiencia reproductiva de la ganadería paraguaya.

Hagamos números simples. Paraguay produce, en promedio, unos 2,5 millones de terneros por año, sobre una base de 5 a 5,5 millones de vientres. El problema no es la falta de vacas, sino lo poco que producen.

Aumentar apenas un 1% la producción real de terneros implicaría sumar entre 50.000 y 55.000 terneros más por año. Son 20 veces más de lo que aportaría la importación de 5.000 vientres (considerando el 50% de relación ternero/vaca), y sin depender de riesgos sanitarios, logísticos ni cambiarios.

Ese 1% no es una utopía. Es capacitación, manejo, sanidad, nutrición, acceso a herramientas básicas y previsibilidad; de acuerdo a los que tantos especialistas han remarcado durante varias entrevistas en estos años. Y eso, justamente en una franja ganadera de escasas posibilidades donde hoy se concentra la mayor brecha productiva. Incluso la Comisión Nacional de la Competencia, en su estudio sobre el mercado de la carne, advierte sobre una ganadería concentrada y un amplio universo de productores de bajos recursos con enormes márgenes para mejorar resultados.

El impacto económico de esa mejora es contundente. Con un peso carcasa promedio de 205 kilos (mínimo exigido para faena) y un valor de US$ 4,00 por kilo, producir 50.000 terneros más podría generar más de US$ 45 millones adicionales para la cadena ganadera. Aún con precios mucho más bajos, de US$ 3,20, el ingreso extra superaría los US$ 36 millones.

Frente a eso, los US$ 5 millones invertidos en importar vientres lucen más como un parche que como una política transformadora.

Sin olvidar que la producción anual de 5.000 vientres no alcanzaría para cubrir medio día de faena nacional exportadora. Mientras que el aumento del 1% real de la producción de terneros representa hacienda para ⅓ de la faena anual de un frigorífico promedio.

La paradoja es clara: mientras el país discute cómo importar vacas, muchos productores se vieron obligados a vender vientres, incluso preñados. A los precios actuales: hacen caja, reducen riesgo, pero profundizan el problema del stock.

No es una decisión irracional; es la consecuencia directa de años de baja previsibilidad, déficit hídrico y resultados económicos ajustados y en muchos casos negativos, a tal punto que algunos han determinado dejar el rubro.

La reconstrucción del hato no se logrará con atajos. Requiere una política de largo plazo, como muchos ganaderos lo vienen remarcando, que priorice producir más terneros puertas adentro antes que traerlos de afuera. Invertir en tasa de preñez, en marcación, en eficiencia real. Apostar a los miles de productores que hoy están por debajo de su potencial productivo.

La pregunta del título no busca descalificar una propuesta, sino invitar a pensar. Porque con los mismos US$ 5 millones se puede importar una solución pequeña y simbólica, o sembrar las bases para multiplicar por veinte el impacto productivo y económico de la ganadería paraguaya. Y en un país ganadero, las decisiones estructurales siempre pesan más que las urgencias del momento.