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De reactivos a proactivos: 550.000 razones para despertar por el futuro de nuestra ganadería

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De reactivos a proactivos: 550.000 razones para despertar por el futuro de nuestra ganadería

Por Mustafá Yambay 

El precio de no poder proyectarnos o de carecer de un plan a largo plazo lo estamos pagando hoy con sangre, sudor y números en rojo. Y lo peor: lo pagarán las próximas generaciones.

El stock bovino nacional no disminuyó de la noche a la mañana. Los datos son fríos y alarmantes: hemos perdido alrededor de 550.000 cabezas de ganado entre 2024 y 2025, y las proyecciones indican que podríamos perder otras 300.000 el próximo año. Nuestro rebaño nacional, que hoy se sostiene a duras penas en 12,8 millones de cabezas, se está desangrando ante la mirada pasiva de un sector que se ha acostumbrado a reaccionar en lugar de planificar.

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La apertura de tantos mercados, tan anhelados por todos en el Paraguay —como las recientes puertas que se abren en Reino Unido o Uzbekistán—, no se logró en unos pocos días. La intención de dejar de vacunar contra la fiebre aftosa no es una idea que se nos ocurrió ayer en la tarde. La habilitación de mercados para nuestra carne ovina no apareció por arte de magia ni fue una sorpresa de un día para otro.

Y podría seguir citando innumerables ejemplos de cómo, siendo un país con una vocación natural y un enorme potencial como productor de proteína animal —un motor económico que genera más de US$ 2.000 millones anuales en divisas—, no logramos dar pasos firmes porque nos falta un norte claro y no tenemos diagramados los pasos a seguir.

Nos hemos acostumbrado, casi de manera crónica, a reaccionar sobre los hechos consumados. Vivimos buscando soluciones parche a los problemas estructurales y corriendo detrás de las oportunidades solo cuando ya las tenemos enfrente. Pero la realidad es innegable: hoy ya no podemos seguir improvisando. El mundo es cada vez más dinámico, exigente y se mueve a una velocidad implacable que no perdona ni tolera a quienes navegan sin una hoja de ruta.

La intención de dejar de vacunar contra la fiebre aftosa es, en esencia, una iniciativa impulsada por el Gobierno bajo la promesa de acceder a nuevos mercados. Sin embargo, debemos ser sinceros: hasta hoy, ningún mercado nos ha exigido dejar de vacunar para comprar nuestra carne bovina. Las verdaderas ventajas de este cambio de estatus apuntarían principalmente a la exportación de otras especies.

El sector productivo está dispuesto a acompañar esta visión gubernamental, pero con extrema responsabilidad. Acompañaremos el proceso, sí, pero exigiendo que el Estado y todos los actores nos sentemos a trazar un plan definitivo con fecha, hora y responsabilidades compartidas. Solo cuando verifiquemos paso a paso que se han cumplido todas las condiciones y tengamos la certeza absoluta de que realmente estamos preparados sin arriesgar nuestro patrimonio, podremos dar el salto y decir con seguridad: ¡Estamos listos! ¡Avancemos!

Mientras tanto, nuestro stock ganadero sigue bajando. Y la cruda verdad es que seguirá bajando a menos que construyamos, entre el sector productivo, el Estado y el sector financiero, verdaderos planes de retención con líneas de crédito acordes a los ciclos largos de la ganadería. Necesitamos que criar futuros vientres vuelva a ser un buen negocio, un negocio previsible. No podemos pecar de ingenuos y pretender, como a veces leo en declaraciones vacías, que “en el siguiente carimbo ya mejorará todo” por inercia. La esperanza no es una estrategia.

Mustafá Yambay, gerente general de Ferusa Ganadera y expresidente de la Braford.

La reciente apertura de mercados para la carne ovina, como el de Uzbekistán, es un claro ejemplo de nuestra miopía estratégica. Esta oportunidad demandaba que los productores se hubieran preparado hace tres años, para llegar a este momento exacto con la materia prima de calidad y volumen que la industria necesita hoy. En lugar de eso, nos encontramos ahora intentando empezar a producir de manera urgente, corriendo contra el reloj y chocando contra nuestro propio límite de producción.

Paraguay necesita desesperadamente una hoja de ruta productiva. Especialmente en actividades como la nuestra, que exigen ciclos muy largos y donde casi todos producimos a cielo abierto, dependiendo en gran medida de los caprichos del clima.

No siempre vamos a tener tantas oportunidades doradas sobre la mesa como las que tenemos ahora. Es hora de escribir en papel qué queremos ser como país productor de proteína para el mundo. Debemos, de una vez por todas, dejar de ser reactivos y empezar a ser proactivos. Las oportunidades no nos esperarán para siempre, y el mundo no detendrá su marcha para que nosotros nos pongamos de acuerdo.

Como bien lo dijo Séneca hace miles de años, en una frase que hoy resuena más fuerte que nunca en nuestros campos: “No hay viento favorable para el que no sabe a qué puerto se dirige”.

Es momento de elegir nuestro puerto. Es momento de trazar nuestro rumbo, antes de que nos quedemos sin barcos que navegar.