El disertante argentino Pablo Avalle destacó en el Congreso del CEA que el uso de la inteligencia artificial y la innovación aplicada al agro están transformando la manera de producir carne, generando eficiencia, ahorro y nuevas oportunidades para los equipos de trabajo.
El avance tecnológico está dejando de ser una tendencia para convertirse en una herramienta concreta de gestión dentro del negocio agropecuario. Así lo expresó Pablo Avalle, consultor y disertante argentino, durante su exposición en el Congreso del CEA, donde abordó la aplicación de tecnologías emergentes y la inteligencia artificial en los sistemas ganaderos.
“Estamos viviendo una cuarta revolución industrial en la que proliferan las tecnologías. La inteligencia artificial es hoy la más visible, pero hay miles de herramientas que ya están transformando la producción”, explicó Avalle en diálogo con Valor Agregado.
El especialista subrayó que el uso de algoritmos, reconocimiento de imágenes, modelos predictivos y prescripciones por ambiente está permitiendo que el productor acceda a un nivel de precisión y análisis antes impensado.
“Desde el pesaje con drones hasta la detección de malezas o el análisis de calidad de plantas, hay un abanico de soluciones que aportan valor real y concreto al campo”, detalló.
De la resistencia a la adopción: el cambio cultural como motor
Uno de los temas centrales de su exposición fue el impacto de estas tecnologías en los equipos de trabajo y en la estructura de las empresas agropecuarias. Avalle enfatizó que la adopción tecnológica no debe verse como un reemplazo de personas, sino como una oportunidad de reconversión y crecimiento.
“Depende mucho de las instituciones, y en este caso del productor o del dueño del establecimiento. Si logra formar a su equipo, achica la brecha tecnológica. Las herramientas hoy son más amigables, pero es clave que el mindset innovador se transmita a todo el equipo”, señaló.
El disertante destacó además que el relevo generacional está impulsando la digitalización del campo. “El rango etario de quienes toman decisiones en los establecimientos está bajando, y con eso aumenta la adopción tecnológica. Son personas que prácticamente nacieron con un teléfono en la mano, y eso acelera los procesos”, agregó.
Paraguay, con potencial para crear su propio ecosistema AgriFoodTech
Consultado sobre el escenario local, Avalle consideró que Paraguay tiene la oportunidad de desarrollar un ecosistema propio de innovación agropecuaria, que integre a productores, emprendedores, científicos y organismos públicos y privados.
“El país puede construir su ecosistema AgriFoodTech, donde productores, innovadores, científicos y organismos como el CEA o el gobierno se sienten en la misma mesa. La cocreación es clave para conectar los problemas reales del campo con las soluciones tecnológicas”, afirmó.
Para el experto, la interacción entre los distintos actores —desde programadores hasta biotecnólogos— es lo que genera el verdadero impacto. “Hay mucho potencial si se fomenta el roce entre quienes conocen el campo y quienes desarrollan tecnología. Es el camino que tomaron países como Estados Unidos, Brasil o Argentina, y Paraguay puede hacerlo a su manera”, sostuvo.
Un futuro de oportunidades
Avalle recordó que en Argentina el ecosistema tecnológico agropecuario se consolidó tras casi una década de trabajo, con espacios de encuentro, semanas de innovación y la participación activa de productores. “Todavía está en construcción, pero ya tiene su músculo y genera valor. Paraguay tiene las condiciones para avanzar en esa dirección”, concluyó.
Su mensaje final fue claro: la innovación en la ganadería no es un destino, sino un proceso colectivo. Un proceso donde el productor, el técnico, el científico y el desarrollador deben construir juntos las soluciones que harán más competitivo y sostenible al campo.
