Valor Agro Argentina| La Unión Europea logró destrabar en las últimas horas sus diferencias internas y quedó oficialmente habilitada para firmar el Acuerdo Unión Europea–Mercosur, un entendimiento largamente negociado que, de concretarse, se convertiría en uno de los acuerdos comerciales más ambiciosos del mundo.
Según explicó Maximiliano Moreno, director del Instituto de Negociaciones Agrícolas Internacionales (INAI), de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, la clave estuvo en la reciente votación del Consejo Europeo, que otorgó finalmente la autorización política necesaria para que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, pueda avanzar con la firma del acuerdo con los países del Mercosur.
El rol decisivo de Italia
El punto de inflexión fue el cambio de posición de Italia. A fines de diciembre, la falta de apoyo italiano había impedido alcanzar la mayoría necesaria dentro del Consejo Europeo, postergando la firma prevista en ese momento. Sin embargo, tras intensas negociaciones internas vinculadas principalmente al presupuesto comunitario, Roma terminó avalando el acuerdo.
“Italia vendió caro su voto”, señaló Moreno, al explicar que el país logró garantías clave en materia de política agrícola. En particular, la Unión Europea resolvió no avanzar con un recorte de la Política Agrícola Común (PAC), en el próximo presupuesto plurianual, manteniendo los subsidios a los productores europeos, una de las principales preocupaciones del sector agropecuario del bloque.
El peso demográfico de Italia resultó determinante: sin su apoyo, el grupo de países opositores —entre ellos Francia, Polonia, Hungría, Irlanda y Austria— no alcanza el porcentaje de población necesario para bloquear la decisión.

Maximiliano Moreno, director del Instituto de Negociaciones Agrícolas Internacionales (INAI), de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires.
Un acuerdo moderno y estratégico
El Acuerdo Unión Europea–Mercosur es considerado uno de los más amplios y modernos a nivel global, tanto por el tamaño de los bloques involucrados como por la profundidad de las disciplinas incluidas. Abarca no solo comercio de bienes, sino también servicios, inversiones, normas ambientales, laborales y mecanismos de cooperación.
Si bien más del 90% del contenido del acuerdo se cerró en 2019, su firma se fue demorando por razones políticas internas en Europa. “Después de 25 años de negociaciones, que se firme un lunes o un jueves no cambia la esencia: lo importante es que el camino quedó allanado”, remarcó Moreno.
Qué falta para que entre en vigor
Una vez firmado, el acuerdo deberá ser ratificado por los parlamentos. No obstante, el diseño institucional permite acelerar su implementación.
En la Unión Europea, la parte comercial solo requiere la aprobación del Parlamento Europeo, sin necesidad de ratificación por los 27 parlamentos nacionales.
En el Mercosur, la entrada en vigor será bilateral: cada país podrá aplicar el acuerdo con la UE una vez que su Congreso lo ratifique, sin esperar a los demás socios.
Esto permitiría que Argentina, Brasil, Paraguay o Uruguay comiencen a beneficiarse del acuerdo en distintos momentos, según sus procesos legislativos internos.
Impacto para el agro
Moreno destacó que el acuerdo fue diseñado de manera “artesanal”, con tratamientos específicos por producto, plazos de desgravación diferenciados, cuotas arancelarias, exclusiones y cláusulas de salvaguardia. “No es una liberalización total e inmediata. Hay mecanismos para proteger a los sectores sensibles de ambas partes”, explicó.
En ese sentido, rechazó los temores sobre un impacto negativo para la agricultura europea o para los consumidores, y sostuvo que el objetivo central es ampliar el comercio bilateral bajo reglas claras y previsibles.
Con el aval político ya asegurado en Europa, todas las miradas ahora están puestas en la agenda de los líderes del Mercosur y de la Unión Europea, con la expectativa de que la firma se concrete en los próximos días y marque un hito en la integración comercial entre ambos bloques.



