En un país donde históricamente el negocio ganadero se cerraba “en la portera”, con apretón de manos y precio negociado cara a cara, la irrupción del remate por pantalla fue mucho más que una innovación tecnológica. Fue un cambio cultural.
Este 2026, Everdem cumple 25 años en Paraguay y lo celebrará en marzo con una feria especial. Pero más allá del evento, el aniversario invita a repasar una transformación profunda en la comercialización de hacienda: más de 380 ferias por pantalla realizadas y más de 680.000 cabezas certificadas bajo un sistema que introdujo información objetiva, precios por kilo y una referencia nacional que hoy es ineludible para el mercado.
Rodrigo Artagaveytia, director de Everdem, mira hacia atrás con satisfacción. “Lo primero que se me viene es el sueño vívido. Esta es una película que ya me la imaginaba. Vinimos a un país con tremendas posibilidades de desarrollo y estamos viviendo lo que creíamos”, afirmó en Valor Agregado por Radio Asunción 1250 AM.
El desembarco no fue sencillo. “Claro que hubo momentos muy duros. Pero cuando el convencimiento y la pasión son grandes, los obstáculos se van sorteando”, señaló.
La apuesta fue clara: traer a Paraguay un modelo que en Uruguay ya había democratizado el comercio ganadero. No se trataba simplemente de vender animales por televisión o por internet, sino de cambiar las reglas del juego.
“El sistema de remate por pantalla revolucionó mucho más de lo que puede parecer”, explicó Artagaveytia. “No es simplemente ver los animales en una pantalla. Lo que trajo fue democracia en la comercialización del ganado”.
Antes de la pantalla, los mercados eran fragmentados y locales. El productor se guiaba por lo que “escuchaba” o por la referencia del vecino. Con la pantalla, los valores comenzaron a transparentarse a nivel país.
“Trajimos información objetiva, al momento y nacionalizada. El ternero vale tanto. ¿Por qué acá va a valer más si allá vale menos?”, planteó. Esa referencia uniforme empezó a equilibrar el mercado.
Uno de los cambios más profundos fue la incorporación definitiva del precio por kilo. “Los ganados se vendían por punta o por cabeza. Queríamos pesar y nos decían: ‘Yo vendo genética’. Sí, señor, pero su genética pesa algo. El que compra, compra kilos”, recordó.

Esa discusión, que hoy parece superada, implicó perder negocios y enfrentar resistencia. Pero terminó consolidando una lógica más profesional, medible y comparable.
Hoy, el mercado paraguayo toma como referencia los valores por kilo, por categoría y por calidad que surgen de las pantallas. “Ya no existe nadie que fije un precio sin observar los valores del mercado de pantalla”, afirmó.
Confianza vs. precio: el equilibrio fino
En un negocio donde los márgenes son ajustados y las decisiones pesan, ¿qué es más importante: el precio o la confianza?
“El precio es un elemento determinante, sin duda. Pero no hay precio que valga si no hay confianza”, sentenció Artagaveytia.
La pantalla no solo ofreció valores de referencia, sino también certificación en campo, reglas claras, condiciones preestablecidas y un proceso formal que redujo riesgos. Ese paquete integral, información, transparencia y garantías; consolidó una marca y un modelo.
Sin embargo, el propio Director reconoce que el precio sigue siendo un motor poderoso. “A veces la gente baja un poco la guardia y va por las estrellitas de colores”, dijo, en alusión a ofertas financieras o ventajas comerciales que pueden desviar la atención del componente reputacional.
El desafío, entonces, es sostener ese equilibrio.
Mucho camino por recorrer
A pesar de los avances, el potencial de crecimiento es enorme. Paraguay todavía vende una gran proporción de su hacienda de invernada de forma directa en el campo.
“Estamos en las primeras etapas. En Paraguay vendemos poco más de 100.000 cabezas por pantalla al año. En Uruguay se venden 500.000 o 600.000, con un stock similar. Hay espacio para crecer cinco, seis, siete veces más”, aseguró.
El freno no es tecnológico, sino cultural. Paraguay no tuvo tradición de ferias como Uruguay, sino de negocios directos. “El productor está acostumbrado a negociar en su casa, cobrar y después abrir la portera. En pantalla sale a arriesgar con un precio mínimo y que el mercado le pague lo que corresponda. Ese cambio cultural pesa mucho”, explicó.
A eso se suma un factor clave: el financiamiento. “El capítulo financiero es fundamental y Paraguay tiene un debe enorme”, advirtió. La consolidación de herramientas financieras adecuadas podría acelerar la adopción del sistema y ampliar su alcance.
Un país que cambió (y que quiere más)
En estos 25 años, el Paraguay ganadero es otro. La genética avanzó, la industria frigorífica se multiplicó, los mercados se expandieron y el país alcanzó grado de inversión. “Si miro a la distancia, veo una evolución enorme. Capaz evolucionamos veinte cuando podríamos haber evolucionado cien, pero el cambio es tremendo”, reflexionó.
Esa mirada combina autocrítica con optimismo. “Nos gustaría que sea más rápido, pero venimos bárbaro. Es otro Paraguay”.

En ese proceso, Everdem no solo desarrolló la pantalla. También participó activamente en el negocio inmobiliario rural y en la gestión de inversiones productivas, acompañando la llegada de capital extranjero en etapas donde apostar por Paraguay implicaba asumir riesgos significativos.
“Si no hubiera venido el primero a poner una ficha, no venía el segundo ni el tercero”, señaló, en referencia a los primeros inversores que dinamizaron el mercado de tierras y producción.
La feria de los 25 años: un hito y un mensaje
La feria especial de marzo no será solo un remate conmemorativo. Será también una declaración de principios: reafirmar que la transparencia, la información y la confianza siguen siendo pilares de un mercado que todavía tiene margen para profesionalizarse.
Con más de 380 ferias realizadas y 680.000 cabezas certificadas, la propuesta de Everdem dejó de ser una novedad para convertirse en una referencia instalada. Pero, según su propio director, el verdadero potencial recién comienza.
El desafío hacia adelante es claro: profundizar la profesionalización, expandir la cultura de mercado y consolidar herramientas financieras que permitan escalar el sistema.
Porque si algo dejaron estos 25 años es una certeza: la pantalla no solo mostró ganado. Mostró un camino. Y todavía queda mucho por recorrer.


