El manejo nutricional de las hembras y la planificación productiva aparecen como herramientas claves para mejorar la eficiencia de la cría en un momento donde el negocio ganadero paraguayo atraviesa cambios importantes en sus relaciones de precios.
Durante su participación en Expo Pioneros en Vivo, César Borba, director de Granusa, analizó el escenario actual de la ganadería paraguaya y destacó que el sector atraviesa una etapa de transición, marcada por valores históricamente altos para la reposición y una creciente necesidad de mejorar la productividad dentro de los establecimientos.
El especialista señaló que por primera vez en muchos años el valor del ternero supera ampliamente al de los animales terminados, una situación que obliga a los productores a replantear estrategias para capturar rentabilidad a través de una mayor eficiencia reproductiva.
“Hoy la clave está en producir más terneros y hacerlo en menos tiempo”, afirmó.
Uno de los principales puntos abordados por Borba fue la necesidad de acelerar la incorporación de las hembras al rodeo productivo mediante programas de recría y nutrición que permitan alcanzar la pubertad y la preñez a edades más tempranas.
Según explicó, una vaquilla que recibe una alimentación adecuada puede ser preñada entre los 14 y 15 meses de edad, siempre que alcance el peso objetivo y mantenga un crecimiento constante.
“Cuanto más temprano preñamos una vaquilla, mayor es la rentabilidad de la estancia”, sostuvo.
El especialista remarcó que el desafío no termina con la preñez, sino que continúa durante toda la gestación y el primer servicio posterior al parto, etapa donde muchas veces se pierden los avances logrados por falta de seguimiento nutricional.
Para ello recomendó mantener ganancias diarias moderadas, priorizando el desarrollo estructural y reproductivo de la hembra antes que una excesiva deposición de grasa, que puede afectar la fertilidad futura.
Pasturas verdes no siempre significan buena nutrición
Otro aspecto destacado fue el monitoreo de las pasturas en esta época del año. Borba advirtió que muchos establecimientos presentan una falsa sensación de abundancia forrajera debido al color verde de los potreros.
Sin embargo, explicó que al ingresar al campo es frecuente encontrar materiales con elevada proporción de tallo y fibra, escasa materia seca utilizable y bajos niveles de nutrientes disponibles para los animales.
“Muchas veces vemos el campo verde desde afuera, pero el animal entra y no encuentra suficiente calidad para mantener ganancias de peso”, comentó.
Ante este escenario recomendó evaluar permanentemente la condición corporal de los animales, el estado de las heces y la composición real de las pasturas para anticipar posibles pérdidas productivas.
Tecnología para producir más terneros
Borba insistió en que la ganadería moderna debe dejar atrás la dependencia exclusiva del clima y avanzar hacia sistemas productivos más planificados.
Según explicó, los establecimientos deben trabajar con objetivos concretos de producción, independientemente de las condiciones ambientales, apoyándose en reservas forrajeras, suplementación estratégica y planes alternativos para períodos críticos.
“Con lluvia o sin lluvia, la meta debe ser producir la cantidad de terneros que el sistema necesita”, indicó.
En ese sentido, destacó que la suplementación representa una inversión relativamente baja frente al impacto económico que genera adelantar la edad de servicio y aumentar la productividad de las hembras.
Los cálculos presentados por el técnico muestran que una vaquilla preñada a los 15 meses puede generar diferencias económicas superiores a los US$ 200 por cabeza respecto a sistemas que retrasan el primer servicio hasta los 24 meses o más.
Más kilos para capturar el valor del mercado
Borba también analizó el negocio de la invernada y sostuvo que los actuales valores de reposición exigen producir más kilos de carne por animal para mejorar los márgenes.
Explicó que con terneros valorizados entre G. 25.000 y G. 30.000 por kilo, la única forma de sostener la rentabilidad es maximizar la producción individual y llevar los animales a pesos de terminación superiores.
En ese contexto destacó la importancia de la suplementación estratégica en recría y terminación, así como la necesidad de alcanzar coberturas de grasa adecuadas para acceder a las mejores bonificaciones de la industria frigorífica.
“La nutrición es la herramienta que permite transformar una buena genética en kilos de carne y en rentabilidad para el productor”, concluyó.


