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El ternero es hoy el activo más caro del sistema, pero también el que más exige eficiencia

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El ternero es hoy el activo más caro del sistema, pero también el que más exige eficiencia

La ganadería paraguaya atraviesa un momento de inflexión donde el valor del ternero no solo refleja un ciclo de escasez, sino también una reconfiguración profunda del negocio en toda la cadena de la carne.

“Después de un periodo de alta faena de vientres, la oferta de ganado para reposición y faena presenta una abrupta caída”, indicó el Dr. Federico Krauer, gerente general de Agroganadera Concepción, al describir un escenario que rápidamente encontró respuesta en los precios.

Menos animales disponibles, mayor competencia por la reposición y una industria que sigue demandando volumen sostienen un mercado firme, pero también más exigente.

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En este nuevo contexto, el ternero dejó de ser simplemente una categoría más para convertirse en el eje económico del sistema. “El ternero se ha disparado en su valor, y el gordo acompaña este movimiento sustentado en la baja oferta y una demanda constante por parte de la industria”, señaló.

Sin embargo, detrás de este buen momento para la cría aparece una tensión estructural: lo que hoy es oportunidad para el criador, representa un desafío creciente para el resto de la cadena.

“El productor de terneros se encuentra en una posición estratégica, y en contrapartida, el que necesita reponer enfrenta una situación complicada”, explicó Krauer. Y es ahí donde la ecuación comienza a cerrarse cada vez más fina, especialmente para los sistemas de recría y terminación, donde el costo de reposición ya representa entre el 60% y el 70% del valor del animal terminado.

Este cambio de ciclo obliga a repensar el negocio con una lógica más integrada. Ya no alcanza con mirar cada eslabón por separado: la eficiencia productiva pasa a ser el único camino posible para sostener márgenes.

“El ciclo productivo ha cambiado, y el 2026 tiende a ser el año de la cría”, afirmó. Pero ese protagonismo no está exento de riesgos. “Existe margen, pero un mínimo error costaría muy caro”, adviertó, en referencia a decisiones productivas, sanitarias o nutricionales que hoy tienen un impacto económico mucho mayor que en ciclos anteriores.

En paralelo, la industria frigorífica también comienza a sentir los efectos de este nuevo escenario. La menor disponibilidad de ganado no solo presiona los precios, sino que pone en tensión la capacidad de abastecimiento, en un contexto donde Paraguay mantiene su posicionamiento exportador y necesita sostener volúmenes.

Esto abre un desafío de fondo: cómo lograr que el crecimiento de valor en la cría no termine desalineando al resto de la cadena.

La respuesta, según se desprende del análisis, está en la eficiencia y en una mirada más sistémica del negocio. Producir más kilos por animal, reducir los tiempos productivos, mejorar índices reproductivos y optimizar la conversión ya no son ventajas competitivas, sino condiciones necesarias para sobrevivir en un escenario donde el capital invertido —representado en el ternero— es cada vez más alto.

La ganadería entra así en una nueva etapa, donde el valor está, pero también el riesgo. Y donde el desafío no pasa solo por capturar precios, sino por sostener un sistema equilibrado que permita que todos los eslabones sigan siendo viables en el tiempo.