La Estancia Cerro Porá, en el departamento de Concepción, fue escenario de una salida de campo que permitió observar sobre el terreno una propuesta que busca replantear algunos conceptos tradicionales de la producción ganadera. Con unas 550 hectáreas totales, de las cuales aproximadamente 350 corresponden a superficie efectiva de pasturas, el establecimiento trabaja actualmente con unas 500 vacas de cría y 150 desmamantes, bajo un sistema que pone al suelo, al manejo del pastoreo y a la reducción de insumos externos en el centro de la estrategia productiva.
Alejandro Román, director de Biopecuaria e integrante de Triple Huella, explicó durante Valor Agregado que la filosofía parte de entender que una parte importante de las mejoras disponibles para la ganadería se encuentra dentro del propio establecimiento. “Hay recursos que la ganadería tiene que entender que los puede gestionar dentro de la tranquera. No necesariamente tiene que salir a buscar insumos”, afirmó.
Para Román, la eficiencia comienza con la capacidad de producir kilos de carne a costos adecuados utilizando mejor el suelo, las pasturas y los recursos disponibles.
La propia configuración de Cerro Porá obliga a poner especial atención en el aprovechamiento de la superficie. De las 550 hectáreas del establecimiento, una porción importante corresponde a cerros y otros accidentes geográficos. Descontando esas áreas y los cauces existentes, quedan alrededor de 350 hectáreas de pasturas. Sobre esa superficie se desarrolla actualmente el rodeo, pero la meta es elevar progresivamente la capacidad productiva hasta alcanzar aproximadamente 800 vientres. “No es de hoy para mañana poner 300 vacas más. Va en escala”, aclaró Román, señalando que algunas áreas permanecen cerradas o en descanso mientras incrementan su producción de materia seca.
El objetivo planteado para el establecimiento es alcanzar alrededor de 1.350 kilos de peso vivo por hectárea, considerando la combinación de vacas, terneros, recría y vaquillas dentro del sistema.
Román sostuvo que ese nivel podría alcanzarse durante el próximo año, acompañando el aumento de la oferta forrajera. Parte de esa evolución está vinculada a áreas de reserva o “fusibles”, como las denomina el equipo técnico, donde se prolongan los tiempos de descanso y se busca aumentar paulatinamente la capacidad de producción de pasto.
El manejo se realiza sin modificar completamente la infraestructura original de la estancia. Los potreros existentes, que varían entre 25, 30 y 40 hectáreas —con algunos de mayor superficie—, son subdivididos mediante cercas eléctricas móviles en franjas de aproximadamente dos a tres hectáreas. El movimiento de los animales se determina en función de la demanda diaria de materia seca, intentando combinar períodos adecuados de reposo de la pastura con un consumo intenso durante períodos cortos. “Si tu animal está con hambre, dale comida”, resumió Román al explicar que el personal aprende a utilizar indicadores visuales para definir cuándo habilitar una nueva parcela.
Uno de los conceptos centrales observados durante la recorrida fue la intención de construir un circuito en el que suelo, pastura y animal se retroalimenten. Biopecuaria utiliza microorganismos aislados de la propia ecorregión como herramienta inicial para estimular los procesos biológicos del suelo.

Alejandro Román, director de BioPecuaria.
Según explicó Román, un suelo con mayor actividad permite producir pasturas de mejor calidad, que alimentan animales mejor nutridos y que, a su vez, devuelven nutrientes mediante las heces y la orina. “Un suelo sano es un suelo que te va a entregar un producto de calidad, y ese producto de calidad te va a entregar también un animal más sano”, señaló.
La estrategia también apunta a disminuir la dependencia de insumos externos. Román indicó que en Cerro Porá no se utilizan herbicidas ni productos químicos dentro del esquema productivo planteado, mientras que el manejo sanitario se concentra principalmente en las vacunas oficiales, clostridiales y un uso reducido de antiparasitarios. Para el director de Biopecuaria, esta reducción tiene una consecuencia directa sobre la estructura financiera del establecimiento. “Desde el momento que estamos con varios indicadores de caja corregidos, cero insumo, cero químico, cero herbicida y muy baja utilización de insumos sanitarios, hay una parte del presupuesto que ya no se ejecuta”, explicó.
Los indicadores reproductivos también forman parte de la evaluación. El último servicio cerró con alrededor de 90% de preñez, luego de una IATF inicial, una resincronización y posterior repaso con toros. Para unas 250 vacas fueron utilizados solamente cuatro toros después de los protocolos reproductivos. Los vientres ingresaron al servicio con unos 450 kilos de peso.
Román señaló que uno de los próximos desafíos será avanzar hacia vacas de frame más moderado, buscando animales con menores requerimientos de mantenimiento y mayor eficiencia dentro del mismo sistema.

La ecuación económica, según Román, se sostiene en producir un ternero fundamentalmente a pasto y con una vaca que mantenga una oferta permanente de alimento. “Esto sí puede generarte un kilo de ternero barato”, aseguró. Explicó que una vaca correctamente alimentada mantiene condición corporal, produce leche y permite disminuir el costo relativo del ternero al cierre del ejercicio. La intención ahora es profundizar las mediciones económicas para cuantificar con mayor precisión el costo por kilo producido y relacionarlo con los indicadores físicos que ya se vienen observando.
Para Biopecuaria, la experiencia no está limitada a establecimientos de tamaño medio. Román aseguró que el concepto puede trasladarse a escalas mayores e incluso al Chaco, donde considera particularmente importante aumentar los períodos de descanso y mejorar la eficiencia de cosecha de las pasturas. Como referencia, mencionó trabajos realizados con lotes de alrededor de 900 machos, dentro de un esquema donde aproximadamente 4.000 animales son manejados sobre 750 a 800 hectáreas de pastura limpia. “No digo que sea la solución, pero es una herramienta más que llega al sistema para ser más eficientes”, concluyó.
Esa mirada resume el concepto presentado en Cerro Porá: producir más no solamente aumentando insumos o superficie, sino haciendo que suelo, pasto, ganado y gestión funcionen como partes de un mismo negocio.


