Lo que comenzó como una forma de resguardar capital, hoy es un sistema ganadero profesional, tecnificado y con indicadores que destacan en el norte del país. La historia de Alberto Dorneles Rodríguez, productor del departamento de Amambay, refleja un camino cada vez más frecuente en Paraguay: empresarios de otros rubros que encontraron en la ganadería no solo un refugio de valor, sino un negocio sólido, previsible y con proyección.
La entrevista se dio en el marco de una edición especial de Valor Agregado, desde las oficinas de Unión Nutrición Animal en Pedro Juan Caballero, un punto neurálgico de la ganadería del norte.
Durante años, Alberto se dedicó al comercio, un rubro que, según reconoce, ofrece liquidez diaria, pero también una alta demanda de tiempo y energía. En ese contexto, la ganadería apareció como una inversión paralela.
“Empecé en la ganadería como si fuese un ahorro. Me sobraba algo del comercio y lo invertía en la estancia, pensando en vender más adelante”, recuerda.
Con el tiempo, el giro fue total: cerró su negocio comercial y decidió enfocarse de lleno en el campo, ya no como respaldo financiero, sino como fuente principal de ingresos.
“Cambié por algo más tranquilo, más despacio, pero garantizado. El ganado siempre tiene salida: ternero, flaco o gordo, todo se vende. Eso hace la diferencia”, resume.
Hoy el establecimiento trabaja sobre 2.800 hectáreas, de las cuales 2.200 son productivas, respetando las áreas de monte exigidas por la legislación. En ese sistema se manejan alrededor de 3.400 animales, bajo un ciclo completo 100% cerrado, sin compras externas.
Esta autosuficiencia cobra especial relevancia en el escenario actual, con una reposición cara y una relación flaco–gordo más ajustada para quienes dependen del mercado.
“Para el que compra terneros para engordar, la cuenta está más apretada. Para nosotros, que hacemos los tres ciclos, el momento es muy bueno”, analiza.
Cría eficiente y decisiones estratégicas
Lejos de una ganadería pasiva, el foco está puesto en acelerar procesos y mejorar índices. El manejo reproductivo combina IATF al 100% con repaso de toros, apuntando a la precocidad y calidad genética.
Las vaquillas se inseminan entre 14 y 18 meses, y las hembras Nelore con buen estándar racial quedan como futuras matrices. En tanto, las cruzadas se trabajan con Angus, buscando un producto que permita capturar valor comercial temprano.
Incluso, el establecimiento proyecta avanzar hacia la inseminación a los 10 meses en cruzas más precoces, con destetes anticipados de 4 a 5 meses, buscando una mayor rotación y eficiencia del capital invertido.
“La IATF nos permite acceder a genética probada. Como ganaderos comerciales, no tenemos acceso a un campeón, pero sí a semen de animales testeados, y eso cambia el resultado”, destaca.

Números que explican el modelo, los resultados productivos acompañan la estrategia:
– Preñez total cercana al 90%, considerando dos IATF y repaso
– Pérdidas del orden del 10% entre nacimiento y destete
– Descarte temprano de vacas vacías para engorde y venta
– Faena de unos 500 machos por año, con pesos promedio de 530 a 550 kg, mayormente con 18 a 20 meses
Las vaquillas, tras dejar una cría, se venden como ganado terminado, ingresando al mercado con valores equivalentes al macho, una decisión que mejora el flujo de caja y optimiza el uso del vientre.
Nutrición, manejo y reducción de costos
El sistema productivo se apoya en una fuerte integración nutricional y sanitaria, con terneros tratados al destete, recrías bien definidas y terminación a pasto con suplementación estratégica.
Actualmente, el establecimiento prueba un manejo rotativo con “punta de capim”, buscando reducir la dependencia del semiconfinamiento. El objetivo es claro: terminar animales con proteínado, bajando hasta 60% el costo de la ración, sin resignar desempeño.
Una ganadería como proyecto de vida
La historia de Alberto Dorneles Rodríguez es la de muchos productores que encontraron en la ganadería algo más que un ahorro: un negocio con capacidad de generar valor en el tiempo.
En un contexto desafiante, donde la eficiencia dejó de ser una opción para transformarse en una necesidad, su experiencia muestra que la combinación de escala, tecnología, manejo y visión empresarial puede convertir a la ganadería en un proyecto sólido, rentable y sostenible.




