Las lluvias intensas y persistentes están generando una grave situación de emergencia en las importantes ganaderas del norte de Colombia, con fuertes inundaciones, pérdidas de hacienda y daños económicos de gran magnitud, principalmente en el norte de Antioquia y el sur de Córdoba.
Las zonas más afectadas comprenden amplias áreas del Urabá antioqueño, como Necoclí, Arboletes y Mutatá, además de extensas planicies del sur de Córdoba vinculadas a las cuencas de los ríos Sinú y San Jorge, territorios históricamente estratégicos para la ganadería de engorde.
Según relató a Agro del Sur Beatriz Jiménez, productora ganadera colombiana, la magnitud de la creciente supera ampliamente los registros habituales: “Estas zonas siempre conviven con crecientes, pero esta vez se ha pasado de creciente. Los campos están completamente inundados y el impacto sobre la ganadería es muy fuerte”, explicó.
Jiménez detalló que los daños se concentran especialmente en el corredor ganadero que une el norte de Antioquia con el sur de Córdoba, incluyendo localidades como Montelíbano y Puerto Libertador, donde se registra una alta concentración de establecimientos ganaderos.
“Son planicies demasiado buenas para el engorde, pero hoy están anegadas. Hay animales aislados, pérdidas de ganado y daños económicos muy importantes”, afirmó.
La situación también se extiende hacia el eje Arboletes–Montería, siendo esta última reconocida como la capital ganadera de Colombia, donde los excesos hídricos complican no solo la producción sino también la logística y la movilidad rural.
Además del impacto inmediato, la preocupación del sector se incrementa ante los pronósticos climáticos que anticipan nuevas lluvias y posibles crecidas durante la próxima semana, lo que podría agravar aún más el escenario.
“Estamos en estado de alerta, porque todo indica que puede venir otra creciente y eso complicaría todavía más la situación del ganado y de los productores”, advirtió la productora.
Desde el sector ganadero se sigue de cerca la evolución del clima y del nivel de los ríos, mientras los productores evalúan estrategias de contingencia para resguardar la hacienda y minimizar pérdidas, en un contexto que ya es considerado uno de los más complejos de los últimos años para estas regiones productivas clave de Colombia.



