La carne ovina paraguaya atraviesa un momento inédito: mercados abiertos, precios atractivos y una industria que necesita más volumen. Sin embargo, el gran desafío sigue estando tranqueras adentro.
Para Ignacio Lucas, director de Cabaña Don José, el camino es claro: retener vientres, fortalecer la base técnica y construir una oferta homogénea que permita sostener la exportación en el tiempo.
En diálogo con Valor Agregado por Radio Asunción 1250 AM, el referente del rubro, con experiencia en el desarrollo ovino en Uruguay y Paraguay; aseguró que el negocio “en el papel es muy interesante”, incluso con una relación que “le hace 2 a 1 al negocio vacuno”, pero advirtió que todavía falta consolidar la estructura productiva.
“Está todo planteado como para que vuele. Los mercados se están abriendo, la demanda es creciente, pero uno de los eslabones a seguir trabajando es el apoyo técnico”, sostuvo.
Hoy la industria trabaja en valores del entorno de G. 35.000 por kilo carcasa, mientras el mercado interno también muestra firmeza y absorbe prácticamente toda la producción disponible. Esa combinación, lejos de ser una contradicción, representa una oportunidad estratégica.
Según Lucas, el primer paso no es discutir exclusivamente precios, sino aumentar la producción comercial. “La producción hoy nos da para acompañar el crecimiento nacional, pero todavía no genera una línea de confianza y homogénea como para sostener mercados externos en volumen”, explicó.
En ese sentido, planteó que el proceso demandará tiempo. “Va a ser un proceso de uno o dos años para seguir creciendo internamente, fortaleciendo la parte técnica, desarrollando volúmenes y aprendiendo como productores. Recién a partir de tres años para adelante vamos a estar en condiciones de abrir algunos contenedores por año y mantener calidad acorde a lo que exigen los mercados”.
El mensaje es claro: sin retención de vientres y sin mejora en los índices reproductivos, no habrá salto exportador sostenible.
El rol técnico y el trabajo gremial
Lucas puso énfasis en la necesidad de mayor acompañamiento técnico para quienes quieren ingresar o expandirse en el rubro. “A veces la parte técnica hoy es un poco escasa, y frente a la duda eso frena decisiones de inversión”, afirmó.
Destacó el trabajo gremial y de extensión que se viene realizando en distintos departamentos, con grupos que acercan capacitación y herramientas productivas a campo. Pero reconoció que aún es “un trabajo de hormiga” en una actividad que, aunque avanzó mucho en los últimos cinco años, todavía corre detrás de la demanda.
La clave, según su visión, está en profesionalizar la producción comercial: manejo reproductivo, sanidad, genética adaptada y sistemas que permitan mayor eficiencia por hectárea.
Mercado interno fuerte, exportación como horizonte
Un dato no menor es el cambio cultural del consumidor paraguayo. “Hace años no se pensaba que el consumidor iba a estar en los niveles de consumo que está hoy, y pagando lo que paga por carne ovina”, señaló Lucas. Ese crecimiento del mercado interno es, al mismo tiempo, una fortaleza y una limitante coyuntural para la exportación.
La estrategia, entonces, debería ser gradual: consolidar primero el abastecimiento nacional, ganar escala, uniformidad y previsibilidad, y luego proyectar envíos regulares al exterior.
Con demanda global creciente de proteína animal y nuevos destinos habilitados, el escenario aparece alineado. Pero el desafío es estructural: aumentar la majada comercial, retener vientres y producir más corderos pesados de calidad constante.


