En un contexto donde el mercado internacional de la carne muestra señales firmes de valorización, el negocio ganadero en Paraguay atraviesa una tensión marcada por decisiones industriales que, lejos de acompañar esa tendencia, presionan a la baja el precio del ganado, apuntó Ramiro Maluff, expresidente y actual directivo de la Asociación Paraguaya de Productores y Exportadores de Carne (Appec).
Entrevistado en Valor Agro, Maluff planteó una lectura crítica sobre el comportamiento de la industria y, particularmente, sobre la estrategia que, según se analiza en el gremio, está imponiendo Minerva Foods.
Según detalló, el primer trimestre del año dejó un dato contundente: el valor de exportación de la carne paraguaya creció un 16%, pasando de US$ 5.630 a US$ 6.540 por tonelada. Sin embargo, esa mejora no se traslada al precio del ganado, en un escenario donde además la oferta se encuentra limitada. “Tenemos 140.000 cabezas menos faenadas y una caída de stock de unas 160.000 cabezas. Eso da unas 300.000 cabezas menos en el sistema”, explicó.
Este menor volumen disponible, sumado a condiciones climáticas más favorables que incentivan la retención y recomposición del rodeo, debería generar una presión alcista en los valores. Sin embargo, ocurre lo contrario. Para Maluff, esto no responde a una lógica de mercado, sino a una estrategia deliberada.
“Si disminuye la oferta de ganado y las industrias tienen mercado para colocar la carne, no tiene sentido que el precio baje. Esto va contra toda lógica comercial. A todas luces es una estrategia para bajar los precios”, sostuvo.
El foco de ese movimiento, según su visión, está en anticiparse a un factor clave: el regreso de las cuadrillas kosher, previsto para la segunda quincena de abril. “Van a necesitar faenar y tener ganado. Lo que están tratando de evitar es que se les escape la liebre y tener que pagar más caro cuando llegue ese momento”, afirmó.
En este esquema, la dinámica de la faena juega un rol central. Los niveles de utilización de la capacidad industrial se mantienen bajos —en torno al 25% al 27% en algunos casos—, reflejando una postura más defensiva por parte de ciertas plantas. En contraposición, otras industrias muestran comportamientos distintos.
Maluff señaló que frigoríficos como Victoria no estarían siguiendo la misma estrategia, manteniendo mayor actividad. A su vez, las plantas cooperativas, como Frigorífico Neuland, operan con mejor ritmo a Minerva y otra lógica, priorizando la faena de animales de sus propios socios y alcanzando niveles de actividad significativamente más altos.
Además, este tablero se ve influenciado por la coyuntura de Frigorífico Concepción, que atraviesa turbulencias tras una baja en su calificación de riesgo. “Eso también le da más posición a Minerva dentro de esta estrategia”, advirtió, marcando cómo la concentración y las situaciones particulares de algunas empresas terminan impactando en la formación de precios, concepto que fueron ratificados en esta última semana por el senador Kolym Soroka, quien afirmó que espera los resultados de la investigación de la Conacom.
En paralelo, el mercado internacional sigue aportando señales positivas. Israel, por ejemplo, se consolida como uno de los destinos de mayor valor para Paraguay, con incrementos del 14% en dólares por tonelada. En este contexto, Maluff considera que el precio actual del ganado no refleja la realidad del negocio.
“Deberíamos estar arriba de Brasil que se ubica en US$ 4,80, más cerca de los US$ 5 por kilo carcasa o incluso por encima. Con un precio de US$ 4,50 no cierra el negocio para el invernador y se genera una crisis en toda la cadena”, afirmó.
El análisis también pone sobre la mesa un aspecto estructural: el financiamiento implícito que realizan los productores a la industria entregando la hacienda a plazos de uno a dos meses. “El productor financia unos US$ 120 millones a la industria, sin garantías y sin información. Es un crédito absolutamente alegre”, cuestionó, sugiriendo la necesidad de mayor transparencia en la cadena.
A pesar del escenario actual, Maluff entiende que la situación no es sostenible en el corto plazo. La escasez de ganado, las escalas cortas de faena y la presión de los mercados internacionales deberían reconfigurar rápidamente el equilibrio.
“No va a aguantar. En un par de semanas tenemos que tener otra visión. Las plantas no tienen ganado a estos precios”, concluyó, dejando planteado un escenario donde la tensión entre oferta, demanda y estrategia industrial podría resolverse con una corrección al alza en los valores del ganado.


