El negocio ganadero paraguayo enfrenta un escenario desafiante, pero cargado de oportunidades. Con una demanda mundial de carne que no da tregua y mercados abiertos que durante años fueron reclamados por el sector, la discusión ya no pasa únicamente por el acceso comercial, sino por la capacidad del sistema productivo de responder de manera eficiente y sostenida.
Así lo plantea Mustafá Yambay, presidente de Braford Paraguay, quien sostuvo que el gran desafío hacia 2026 será mejorar de forma urgente los índices reproductivos y productivos. “La necesidad de consumo de carne es incesante a nivel mundial y Paraguay no está ajeno a esta situación. Hoy los mercados están, los contratos están, y la tarea es cien por ciento del productor: mejorar los índices productivos”, afirmó.
Yambay remarcó que el contexto internacional obliga a repensar el modelo productivo, especialmente en un ciclo donde se proyecta una nueva baja del stock ganadero. “Esto no va a ser soplar y hacer botella. Primero hay que frenar la caída del stock y después empezar a diseñar estrategias que generen un ambiente atractivo para que lleguen inversiones al campo”, explicó.
En ese sentido, señaló que el sector ganadero debe transformarse en un destino atractivo no solo para el productor tradicional, sino también para nuevas inversiones, incluso extranjeras, que acompañen el proceso de crecimiento del país. “El campo tiene que generar productos atractivos para que aumente la inversión, la gente que trabaja en el campo y la necesidad de criar de forma eficiente, sin que se corte nunca esa materia prima que hoy está tan valorada a nivel mundial”, subrayó.
De todos modos, aseguró que se deben hacer las tareas necesarias para seguir sentados en la mesa con el siguiente eslabón de la cadena, que es la industria: “Debemos crecer en previsibilidad, de nada sirve mejorar índices si después no tenemos precios firmes y sostenidos para vender nuestro trabajo”, apuntó.
Clima favorable, pero con precios desafiantes
El Presidente de Braford Paraguay destacó que las oportunidades productivas comienzan desde lo climático. La elevada humedad y la abundante oferta forrajera permiten pensar en sistemas más intensivos y eficientes. “Tenemos campos muy verdes, con una oferta forrajera abundante, lo que permite cargar más los campos”, explicó.
Sin embargo, advirtió que este escenario contrasta con una oferta limitada de reposición, lo que llevó los precios del ternero a niveles históricamente altos. “El precio del ternero subió casi un 40%, y sumado a eso estamos comprando reposición con un guaraní súper valuado y vendiendo el producto final a un dólar que perdió casi 19% de su valor”, señaló, comparando la situación actual con el fuerte ajuste vivido a fines de los años 90 con el arranque de las exportaciones de carne.
El impacto del tipo de cambio aparece como una de las variables más sensibles para el negocio. Yambay explicó que el productor volvió a convivir diariamente con la calculadora, ajustando estrategias para cumplir compromisos financieros. “La cartera de deuda del sector está repartida entre dólares y guaraníes, y tenemos que ser estratégicos para pagar las cuentas en dólares con dólares y las de guaraníes con guaraníes”, indicó.
Según comentó, esta nueva realidad cambiaria no sería transitoria, sino una condición a la que el sector deberá adaptarse en adelante. “Es una variable nueva que apareció este año, pero todo indica que es algo a lo que nos vamos a tener que acostumbrar”, advirtió.
Hormonas: una herramienta que no debe tapar ineficiencias
Consultado sobre el uso de promotores de crecimiento y hormonas en la producción de carne, Yambay fue claro en marcar una postura prudente. Reconoció que existen herramientas válidas, utilizadas en otros países y aceptadas por varios mercados internacionales, pero alertó sobre el riesgo de utilizarlas para ocultar problemas estructurales.
“Yo no quiero que el uso de estos promotores venga a esconder bajo la alfombra la falta de eficiencia”, afirmó. En su visión, antes de discutir estas tecnologías, el foco debe estar en mejorar los indicadores básicos del sistema productivo. “Tenemos que subir los porcentajes de destete, de marcación y todos los índices productivos. Recién después podemos pensar en estas herramientas, pero no para suplir deficiencias del ciclo productivo”, remarcó.


