El 2026 encuentra a la ganadería paraguaya en un escenario que, a priori, es muy alentador. La demanda internacional firme y valores históricamente atractivos para el ganado gordo dibujan un contexto positivo. Sin embargo, la suba en el precio de la reposición obliga a replantear la estrategia productiva, especialmente en los sistemas de recría e invernada.
Desde la visión de Guillermo Barreto, director Comercial de Unión Nutrición Animal, el año no es para improvisar, sino para planificar con precisión. “Si tuvimos una presión en nuestras márgenes de ganancia por la suba de la reposición del ternero, también tenemos un año muy bueno de lluvias, con buenísimas pasturas y buena producción de granos”, afirmó.
Ese equilibrio entre reposición exigente y condiciones productivas favorables es el punto de partida del análisis.
Para Barreto, el primer error es mirar el negocio como un solo bloque. La recría debe analizarse como una fase independiente dentro del sistema.
“La recría tenemos que mirar como una fase de la producción. Agarramos un ternero de 180 o 200 kilos y tenemos que llevarlo a 380, 400 o 420 kilos. Esta es una fase que hicimos casi 100% en pastura”, explicó.
En un año con abundante oferta forrajera, la tentación podría ser dejar que el pasto haga el trabajo. Sin embargo, el Director Comercial de Unión Nutrición Animal advierte que el diferencial estará en la suplementación estratégica. “Solo con pastura y baja suplementación vamos a lograrlo, pero con un ciclo más largo. Si aliamos una suplementación estratégica en este momento que tenemos buenas pasturas, vamos a mejorar la ganancia, la eficiencia y vamos a achicar el ciclo”, sostuvo.
Achicar el ciclo implica llegar antes al peso objetivo o ingresar al confinamiento con un animal más pesado, lo que cambia completamente la ecuación económica.
La relación gordo-reposición y el peso como variable clave
Con un ternero caro, la relación de cambio se convierte en el gran termómetro del negocio. En este punto, Barreto fue categórico. “Si yo tengo un ternero más caro, tengo que entregar un toro más pesado para la faena, porque así voy a mantener o mejorar la relación de cambio”, afirmó.
El foco, entonces, se traslada al peso final del animal. En un año donde los valores del gordo son atractivos, cada kilo adicional tiene un impacto directo en el resultado. “Es verdad que es un año de mirar con detalle los kilos. Tenemos que mirar la unidad animal junto al peso. Porque si pongo más peso voy a tener un ingreso más grande y consecuentemente voy a tener más plata para realizar la reposición”, señaló.

Ganado en confinamiento. Foto: ABC
En otras palabras, el negocio no pasa únicamente por comprar y vender, sino por producir más kilos de carne por animal y por hectárea.
El confinador frente a un mercado que no controla
Barreto también abordó la situación del confinador que debe salir al mercado a buscar hacienda en un contexto de oferta limitada y valores elevados. “El mercado de la reposición no lo va a poder tocar, tiene que pagar lo que el mercado está pagando. Tampoco va a manejar el mercado de venta. Puede buscar mejores momentos, pero no lo controla”, explicó.
Ante esa realidad, la única variable verdaderamente gestionable es la eficiencia productiva y el costo de alimentación. “El secreto está en la eficiencia que va a producir la cantidad de kilos de carne dentro del confinamiento y, más que esto, en la gestión y planificación de la comida”, remarcó.
“Un punto clave este año es planificar bien la compra de la comida y buscar el precio mínimo posible. Con una producción eficiente y un bajo costo, el ciclo de confinamiento va a dejar ganancia”, aseguró.
Con buenos precios del gordo y costos competitivos en granos, el 2026 puede ser un año rentable para la recría y el engorde, pero solo para quienes planifiquen con precisión y apuesten a la eficiencia como eje del negocio.


