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Simeone sobre uso de hormonas: “Permitiría elevar la eficiencia del corral de US$ 60 a más de US$ 100 por cabeza”

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Simeone sobre uso de hormonas: “Permitiría elevar la eficiencia del corral de US$ 60 a más de US$ 100 por cabeza”

En un escenario donde la intensificación dejó de ser una “moda” para transformarse en un componente estructural de la ganadería regional, el ingeniero agrónomo Álvaro Simeone, referente de la Unidad de Producción Intensiva de Carne (UPIC) de la Facultad de Agronomía, planteó la necesidad de reabrir el debate sobre el uso de promotores de crecimiento en la producción vacuna.

Durante una entrevista en Valor Agregado Uruguay, el especialista fue claro: Uruguay tiene prohibido por ley el uso de hormonas anabólicas en bovinos, y esa normativa se respeta. Sin embargo, entiende que el país debe “reanalizar y discutir” el tema a la luz de la evidencia científica, los impactos económicos y los mercados internacionales.

“No estoy diciendo que si hay que dar hormonas o no. Lo que digo es que Uruguay tiene que revisar el tema y discutirlo, evaluar los impactos comerciales y productivos”, sostuvo.

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Simeone recordó que el proceso de intensificación en Uruguay no es reciente. Tras la sequía de 1988-1989 comenzó un camino progresivo de suplementación, primero con grano húmedo y luego con esquemas más estructurales de recría y terminación a corral.

El desarrollo del corral estuvo acompañado por mejoras en eficiencia de conversión (con relaciones de 4:1 y 5:1) y posteriormente por la necesidad de formular dietas de mínimo costo en un contexto de carcasas más pesadas y exigencias comerciales como la cuota 481. “Los productores fueron receptivos porque el mensaje técnico iba en sintonía con un mejor resultado económico. No hay mejor estímulo que ese”, afirmó.

Hormonas: el impacto en los números

El eje más fuerte de su argumentación estuvo en el análisis económico. Simeone explicó que, con los valores actuales, el margen del negocio del corral es extremadamente fino y depende en gran medida de la eficiencia de conversión.

Según detalló, un novillo de reposición puede costar alrededor de US$ 1.170 puesto en el establecimiento, y el diferencial entre el animal flaco y el gordo ronda los US$ 400. De ese monto deben descontarse alimentación, estructura y sanidad. “Si yo le meto 150 kilos a ese novillo y cada kilo de peso vivo me insume 8,5 kilos de alimento, con los precios actuales de la dieta, estoy muy justo en el margen. Ahora, si con un tratamiento hormonal bajo la conversión de 8,5 a 7,5 kilos por kilo ganado, la mejora es significativa”, explicó.

Y agregó: “Eso no lo dice Álvaro, está recontra publicado y evidenciado en la literatura americana. Preciso menos comida para producir el mismo animal”.

Esa mejora en eficiencia puede significar pasar de un margen de US$ 50 o 60 por animal a US$ 100 o incluso US$ 120, dependiendo de los costos de alimentación.

Oportunidades y riesgos comerciales

El especialista subrayó que cualquier revisión debe contemplar los efectos sobre los mercados. Europa, Estados Unidos, China y terceros destinos reaccionan de forma distinta ante el uso de promotores de crecimiento. “Hay que analizar qué impacto puede tener sobre el mercado europeo, sobre el estadounidense, sobre el chino, sobre el abasto interno. Hay que reanalizarlo todo”, sostuvo.

En ese sentido, destacó que Uruguay cuenta con un diferencial estratégico: la trazabilidad individual obligatoria, reconocida internacionalmente. “Tenemos trazabilidad, está todo controlado. No hay posibilidad de que se crucen sistemas si están bien diseñados. Es un caballito de batalla que nos posiciona muy bien en el mundo”, indicó, remarcando que esa herramienta podría permitir segmentar sistemas productivos según destino comercial.

Más eficiencia, más producción

Simeone insistió en que la discusión no debe centrarse exclusivamente en aumentar producción, sino en mejorar resultados económicos. “No se empuja la producción, se tira desde el resultado económico”, afirmó, al explicar que las decisiones tecnológicas en los sistemas intensivos responden a la rentabilidad esperada.

En ese marco, los promotores de crecimiento aparecen como una herramienta que mejora la eficiencia biológica, reduce costos por kilo producido y podría potenciar la competitividad, siempre que el marco comercial lo permita.