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“Tener caja no significa ser rentable”: Yimmy advirtió que los buenos precios del ganado pueden ocultar ineficiencias en el campo

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“Tener caja no significa ser rentable”: Yimmy advirtió que los buenos precios del ganado pueden ocultar ineficiencias en el campo

El excelente momento comercial que atraviesa la ganadería paraguaya, con precios históricos tanto para la reposición como para la hacienda destinada a faena, representa una oportunidad para fortalecer los establecimientos. Sin embargo, también puede generar una percepción equivocada sobre los resultados del negocio cuando no existe una adecuada gestión productiva y económica.

Yimmy Reistenbach, consultor ganadero y propietario de Pecuaria Inteligente, advirtió en entrevista con Valor Agregado en Radio Asunción 1250 AM que los elevados valores de la hacienda pueden llegar a maquillar ineficiencias dentro de las estancias, especialmente cuando el productor confunde la disponibilidad de dinero con una verdadera rentabilidad.

“Un precio alto puede hacer rentable hoy una mala decisión, que después te golpea dentro de un año, cuando venga una temporada seca”, explicó. Como ejemplo, mencionó que un establecimiento puede generar un importante ingreso mediante la venta de 300 vacas productivas, pero al mismo tiempo estar reduciendo su capital ganadero para cubrir obligaciones económicas.

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“Tengo muchísima caja disponible, pero me deshice de 300 vacas productivas. Entonces disminuí mi stock”, ejemplificó. En ese sentido, remarcó que tener caja no necesariamente equivale a rentabilidad, particularmente cuando el establecimiento está vendiendo patrimonio para financiar costos que no mantiene bajo control.

Para Reistenbach, uno de los principales desafíos de la ganadería pasa por transformar los registros productivos y económicos en herramientas concretas para tomar decisiones. Consideró que todavía existe un amplio margen de mejora, tanto en establecimientos que no registran información como en aquellos que acumulan datos, pero no los utilizan para definir sus estrategias.

El consultor sostuvo que una gestión eficiente debe contemplar la planificación de ingresos, gastos, disponibilidad forrajera y decisiones comerciales, considerando distintos escenarios. “El ganadero debe prepararse, porque la ganadería, como cualquier otro rubro, tiene sus altas y sus bajas. Estos son los momentos en los que uno debe prepararse para situaciones más complicadas”, señaló.

Retener vientres no garantiza producir más terneros

En relación con la temporada de servicios y las perspectivas para la producción ganadera del Chaco, Reistenbach valoró positivamente la estrategia de retención de vientres que están desarrollando numerosos establecimientos, impulsada por las expectativas comerciales y la necesidad de recomponer el stock bovino. Sin embargo, advirtió que aumentar la cantidad de vacas no necesariamente significa mejorar los resultados reproductivos.

“De nada me sirve aumentar el número de vientres si al final la tasa de destete no mejora”, afirmó. Explicó que el verdadero desafío consiste en identificar las hembras productivas, detectar aquellas que no están generando resultados y evaluar económicamente su permanencia en el rodeo, especialmente en un escenario en el que tanto las vacas como los terneros tienen valores elevados.

En ese sentido, recordó que una vaca improductiva continúa demandando alimentación, agua, superficie y mano de obra, sin generar necesariamente un retorno económico. Por eso, insistió en que la eficiencia reproductiva y el aprovechamiento de los vientres disponibles deben ocupar un lugar central en la planificación de los servicios y en las decisiones de retención o descarte.

Anticiparse al clima y evitar decisiones de último momento

Finalmente, Reistenbach destacó que la planificación debe incorporar escenarios de riesgo climático y comercial, particularmente ante la posibilidad de sequías, excesos de precipitaciones o cambios importantes en las cotizaciones del ganado. Explicó que el productor debe establecer anticipadamente qué categorías comercializar primero, cuánta reserva de pasto tiene disponible y hasta qué momento puede sostener su carga animal sin comprometer el sistema productivo.

“Planificar no significa adivinar cuánto nos va a llover ni cuánto va a valer el novillo en noviembre”, expresó. A su criterio, significa preparar respuestas ante una eventual caída del 20% en los precios, una reducción del 30% en las lluvias o precipitaciones extraordinarias que puedan provocar inundaciones.

“Cuando aparece el problema, no vamos a empezar a pensar qué hacer, sino que ejecutamos una decisión que ya pensamos antes con la cabeza fría”, sostuvo. Y concluyó con una advertencia: “Cuando llegó la sequía, los animales perdieron peso y todos necesitan vender al mismo tiempo, ahí ya llegaste tarde”.