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Una quinta generación que acelera la ganadería: más kilos, más rendimiento y una estrategia para capturar el momento

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Una quinta generación que acelera la ganadería: más kilos, más rendimiento y una estrategia para capturar el momento

Desde el departamento de Concepción, Andrés Ruiz compartió la evolución de su campo, un establecimiento familiar que decidió cambiar la lógica productiva para sostenerse en un negocio cada vez más competitivo.

Quinta generación en el campo, Ruiz encarna una transición que no solo es generacional, sino también conceptual: pasar de una ganadería extensiva tradicional a un sistema tecnificado, con foco en eficiencia, números y gestión estratégica.

El mensaje es claro. En el escenario actual, producir como antes ya no alcanza.

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En el marco de un programa especial de Valor Agregado realizado desde las oficinas de Unión Nutrición Animal, Ruiz explicó que el eje central de la empresa hoy es la tecnificación integral del sistema.

La familia entendió que el negocio ganadero exige profesionalización en todas sus áreas y que el productor moderno no puede apoyarse únicamente en la experiencia heredada. La nutrición, la genética, el manejo sanitario y, especialmente, el análisis financiero pasaron a ocupar un rol protagónico.

“Hoy no podemos quedarnos atrás. Tenemos que mejorar en nutrición, genética, manejo y también en la parte financiera. El mercado está bastante rápido y hay que ser dinámicos”, señaló.

Ese cambio implicó rodearse de asesores en distintas áreas y trabajar con proyecciones. El productor remarcó que la toma de decisiones ya no puede ser emocional, sino basada en datos concretos y escenarios proyectados. En un contexto donde el tipo de cambio, los precios internacionales y la oferta local se mueven con rapidez, la planificación se volvió una herramienta indispensable.

Del campo natural a las pasturas implantadas

El establecimiento trabaja bajo un esquema de ciclo completo. La cría se desarrolla en campos naturales, muchos de ellos bajos e inundables, lo que históricamente limitó el potencial productivo. Sin embargo, esa condición hoy está siendo abordada con inversión en drenajes y en la implantación de pasturas adaptadas.

Ruiz explicó que están transformando áreas tradicionalmente utilizadas de forma extensiva en superficies más productivas, con acompañamiento técnico agronómico. Las brizanthas como Marandú, MG4 y MG5 se consolidaron como base del sistema, mientras que los panicum, como Mombasa, Suri y Tamani, cumplen un rol clave en las etapas de mayor exigencia nutricional.

En cría, los destetes en campo natural se ubican entre 190 y 210 kilos, números que el propio productor aclara deben analizarse en función del ambiente donde se producen. En recría, el esquema se intensifica con suplementación estratégica. Las hembras destinadas a reposición están ingresando a servicio a los 24 meses, cuando anteriormente lo hacían a los 36, y el objetivo es avanzar hacia vaquillas súper precoces de 12 a 14 meses en los próximos años.

En el caso de los machos, el proceso incluye suplementación desde el destete, comenzando con 0,3% del peso vivo y aumentando progresivamente hasta esquemas que rozan un confinamiento parcial en la etapa final. Las ganancias diarias en terminación se ubican entre 1,2 y 1,4 kilos en lotes específicos, permitiendo llegar a pesos de faena de 550 a 570 kilos.

Más kilos y mejor rendimiento

Uno de los indicadores más contundentes del impacto del cambio es el rendimiento frigorífico. Ruiz detalló que anteriormente el establecimiento trabajaba con rindes del orden del 53% al 54%. Con la actual estrategia nutricional y de manejo, ese promedio subió a una franja de entre 56% y 58%, con una media cercana al 57%.

Ese aumento de dos a tres puntos porcentuales representa una mejora directa en el ingreso por animal y en la eficiencia global del sistema. En un negocio donde los márgenes se ajustan rápidamente ante variaciones cambiarias o de precios internacionales, cada punto de rendimiento adquiere un peso decisivo.

El análisis del negocio: dólar, reposición y poder de compra

Más allá de los avances productivos, Ruiz reconoce que el 2026 presenta desafíos financieros significativos. Si bien el precio del ganado gordo se ubica por encima de los 4,50 dólares por kilo carcasa, el productor advierte que el análisis no puede hacerse únicamente en moneda estadounidense.

“No es lo mismo un gordo a 4,5 dólares con un dólar a 7.000 que con un dólar a 6.500 o 6.600. Ahí estamos hablando de una pérdida de poder de compra del 10 al 15%”, sostuvo.

En cuanto a la reposición, la nueva zafra Carimbo 6 arranca con valores firmes. Las hembras de 180 a 190 kilos parten desde los 22.000 guaraníes por kilo, mientras que los machos superan los 25.000 guaraníes. La relación gordo versus reposición se encuentra ajustada, cerca del tradicional 2 a 1 que el sector considera saludable.

Sin embargo, Ruiz mantiene expectativas positivas. Argumenta que la reducción del stock nacional, estimada entre uno y dos millones de cabezas en los últimos años, podría generar una mayor presión de compra por parte de la industria frigorífica. “Creo que es un año donde el productor tiene que apretar un poco más los precios. Va a haber más demanda de hacienda que oferta”, afirmó.

Profesionalizar para no quedar fuera

La reflexión final del productor sintetiza el espíritu de la transformación. Sin el acompañamiento técnico y sin una mirada financiera más aguda, el establecimiento difícilmente habría logrado sostener márgenes en un contexto tan cambiante.

Ruiz reconoce que en el norte del país la competencia por el uso del suelo, especialmente con la expansión forestal, obliga a ser cada vez más eficientes. En lugar de resistirse al cambio, la familia decidió diversificar e incorporar nuevas unidades de negocio, incluyendo forestación y agricultura, como complemento a la ganadería.

La estrategia combina intensificación, diversificación y gestión profesional. No se trata solo de producir más kilos, sino de producirlos con mayor eficiencia y con un análisis integral del negocio.

En definitiva, el caso de la familia Ruiz refleja una tendencia más amplia en la ganadería paraguaya. La tradición sigue siendo un activo, pero la rentabilidad futura dependerá de la capacidad de adaptarse, incorporar tecnología y tomar decisiones basadas en números. En un mercado exigente y dinámico, la transformación ya no es una opción, sino una condición para permanecer en el negocio.