El acuerdo de asociación entre el Mercosur y la Unión Europea comienza a marcar un nuevo escenario para la agroindustria regional, con implicancias estratégicas para los países del bloque en materia de acceso a mercados, competitividad y diversificación de exportaciones.
“El acuerdo le da al Mercosur condiciones similares a las que hoy ya tienen países como Canadá, México, Chile o Colombia, que cuentan con tratados vigentes con la Unión Europea”, explicó a Valor Agro Argentina el consultor agrícola Pablo Adreani.
La Unión Europea es hoy la tercera economía del mundo, con unos 450 millones de habitantes y un PBI per cápita promedio de US$ 43.000. Importa productos agroindustriales por alrededor de US$ 220.000 millones al año, un mercado que, según Adreani, sigue estando subaprovechado por el bloque sudamericano.
“La participación del Mercosur en ese comercio todavía es baja, lo que muestra claramente el potencial de crecimiento que se abre a partir de este acuerdo”, sostuvo.
Adreani recordó que el entendimiento demandó más de 25 años de negociaciones y se apoya en tres pilares fundamentales: comercial, político y de cooperación. “Desde lo comercial, se crea una zona de libre comercio con reglas claras en acceso a mercados, bienes y servicios, reglas de origen, medidas sanitarias y fitosanitarias, defensa comercial y compras gubernamentales”, detalló.
En el plano político, el acuerdo establece canales permanentes de diálogo y coordinación entre ambos bloques. En tanto, en materia de cooperación, el foco está puesto en fortalecer el comercio y la diversificación exportadora. “Hay un énfasis muy fuerte en acompañar a las pymes para que puedan integrarse a este nuevo esquema comercial”, señaló el consultor.
Uno de los puntos centrales para la agroindustria del Mercosur es el acceso a mercados. La Unión Europea otorgará beneficios arancelarios al 99,5% de las exportaciones agroindustriales del bloque. “El 84% de esos productos va a ingresar con arancel cero, mientras que el resto tendrá cuotas o preferencias parciales”, explicó Adreani.
Entre los productos con eliminación inmediata de aranceles, que representan cerca del 70% de las exportaciones agroindustriales del Mercosur a la UE, se encuentran la harina de soja, el maní, frutas frescas, frutos secos, legumbres, aceites vegetales de uso industrial, productos de la pesca, además de despojos comestibles y subproductos de origen animal. “Este grupo es clave porque concentra buena parte del volumen exportable actual del bloque”, indicó.

Otros productos tendrán una desgravación gradual, con plazos que van de 4 a 10 años. “Ahí aparecen productos con mayor sensibilidad para Europa, como algunos alimentos procesados, biodiesel, hortalizas, arroz, vinos y preparaciones alimenticias”, explicó Adreani.
El acuerdo también contempla cuotas específicas para productos considerados sensibles. “En carne bovina se establece un cupo de 100.000 toneladas anuales; en carne aviar, 180.000 toneladas; carne porcina, 25.000 toneladas; y también hay cuotas relevantes para maíz, sorgo, miel, arroz, quesos, azúcar y etanol”, enumeró.
Estas cuotas serán asignadas inicialmente al Mercosur como bloque y luego deberán distribuirse entre los países miembros. “Ese mecanismo todavía no está definido, pero el primer país que ratifique el acuerdo podrá utilizar el 100% de las cuotas en una etapa inicial”, advirtió Adreani.
Finalmente, el consultor subrayó que se trata de un acuerdo de largo plazo, sin impactos inmediatos. “No es un acuerdo para ver resultados mañana. Es gradual y exige competitividad, previsibilidad macroeconómica y capacidad de adaptación a las exigencias del mercado europeo”, concluyó. “El Mercosur tiene potencial productivo para cumplirlo, pero el desafío está en cómo cada país se prepara para aprovecharlo”.



