El escenario hídrico en el Chaco paraguayo atraviesa un momento complejo, con extensas zonas anegadas como consecuencia de intensas lluvias locales, mientras el río Pilcomayo mantiene un comportamiento de caudales medios y bajo monitoreo permanente por parte de las autoridades.
Desde la Comisión Nacional de la Cuenca del Río Pilcomayo, su presidente, Darío Rafael Medina, explicó a Valor Agro que las inundaciones registradas en regiones como General Bruguez responden principalmente a precipitaciones acumuladas en cortos períodos y no a un desborde directo del río.
“Estas lluvias que están ocurriendo en el Bajo Chaco, los desbordes y todo el aislamiento son exclusivamente aguas de lluvias locales”, afirmó.
En cuanto al comportamiento del Pilcomayo, Medina señaló que actualmente la referencia clave en Villamontes (Bolivia) registra niveles de 1,63 metros, lo que ubica al sistema en un rango de “aguas medias”.
Este comportamiento se da luego de un inicio de año con buen ingreso de agua al territorio paraguayo, tras la apertura de la embocadura a fines de diciembre, que permitió cerca de 45 días de flujo sostenido. “Metimos agua en embocadura el 31 de diciembre y tuvimos aproximadamente 45 días de buen flujo de agua, inclusive con algunos desbordes en zonas puntuales”, detalló.
Sin embargo, la falta de lluvias en la cuenca alta —especialmente en Bolivia— provocó una rápida bajante hacia finales de marzo, cuando los niveles descendieron hasta 1,20 metros, dificultando el ingreso de agua al sistema paraguayo.
En los últimos días, se registró un leve repunte del caudal, alcanzando los 2,05 metros en Villamontes, lo que permitió reactivar el flujo hacia territorio nacional.
Este escenario, según Medina, está siendo acompañado por trabajos operativos para sostener el ingreso de agua. “Estamos ahora con trabajos de maquinarias anfibias, y hace cinco a seis días se volvió a meter el agua, lo que permitió que fluya por el canal Meyer”, explicó.
Impacto productivo y aislamiento en el Chaco
Más allá del comportamiento del río, el principal problema actual está dado por el volumen de precipitaciones en el Bajo Chaco, con registros que alcanzaron hasta 500 milímetros en dos semanas en algunas zonas.
Esto generó aislamiento de establecimientos, caminos intransitables y complicaciones tanto productivas como sociales. “El aislamiento cada vez es más complicado. Hay muchos caminos intransitables, y eso impacta directamente en la producción y en las comunidades”, advirtió.
De cara a los próximos meses, el monitoreo se enfoca en la posible instalación de un evento climático Niño, que podría modificar sustancialmente las condiciones en el Chaco. “Está previsto el Niño para el segundo semestre. Cuando viene, es un fenómeno global, y eso significaría más lluvias”, indicó Medina.
Incluso, adelantó que ya existen proyecciones de precipitaciones por encima de lo normal desde agosto, una época que habitualmente presenta condiciones secas en la región. “Ya se están pronosticando lluvias para mediados de agosto, cuando normalmente todavía es una época de sequía”, sostuvo.
Entre la oportunidad productiva y el desafío logístico
El eventual aumento de lluvias podría representar un alivio para el sistema productivo, especialmente en zonas donde las precipitaciones fueron irregulares durante el verano. “Hay productores que tienen pasto, pero no suficiente para pasar el invierno, y otros que recién están cargando sus tajamares”, explicó.
No obstante, este escenario también plantea desafíos, principalmente en términos de logística y conectividad. “Si tenemos un invierno húmedo sería muy positivo para la producción, pero la otra cara de la moneda es la transitabilidad de los caminos”, concluyó.


