Mejorar la eficiencia de la cría bovina paraguaya no depende exclusivamente de incorporar genética, nutrición o mejores sistemas de manejo. Una parte importante del potencial productivo puede estar perdiéndose silenciosamente dentro de los propios rodeos como consecuencia de enfermedades reproductivas que afectan la concepción, generan abortos, reabsorciones embrionarias o provocan el nacimiento de terneros débiles.
En ese escenario, el diagnóstico laboratorial comenzó a ocupar un lugar cada vez más relevante dentro de los sistemas ganaderos. Para Rosmary Rodríguez, responsable del laboratorio de CEDIVEP, ya no debe considerarse una herramienta complementaria, sino un componente fundamental de una estrategia reproductiva moderna, porque permite identificar las causas de las pérdidas y tomar decisiones sobre evidencias.
“El diagnóstico laboratorial pasó de ser una herramienta complementaria a ser un pilar fundamental”, afirmó Rodríguez durante una entrevista con Valor Agro. Explicó que conocer con precisión qué ocurre dentro del establecimiento permite diseñar correctamente los planes sanitarios, orientar mejor las inversiones y, fundamentalmente, mejorar la productividad sin necesidad de aumentar el tamaño del rodeo.
La reproducción tiene una relación directa con el resultado económico de un sistema de cría. Cada vientre que permanece improductivo durante una temporada representa una oportunidad perdida, especialmente en un momento en el que mejorar la cantidad y los kilos de terneros destetados tiene un peso considerable sobre los ingresos de las empresas ganaderas.
Rodríguez mencionó que abortos, fallas de concepción, reabsorciones embrionarias y nacimientos de terneros débiles forman parte de los problemas que pueden comprometer los resultados. Sin embargo, el impacto no termina allí. Cuando no existe un diagnóstico preciso, también pueden generarse costos adicionales por tratamientos o vacunaciones que no necesariamente están orientados hacia la causa real del problema.
“Se termina invirtiendo sin saber si se va a acertar o no. Se pueden hacer tratamientos o vacunaciones mal orientadas, prolongar el ciclo reproductivo y al final todo eso repercute en una menor cantidad de kilos de terneros destetados por hectárea”, señaló.
De allí surge una ecuación sencilla pero determinante para la cría: el ternero más caro del establecimiento puede ser aquel que nunca llegó a nacer. Frente al valor económico de una preñez perdida y de todo un ciclo productivo desaprovechado, Rodríguez aseguró que la inversión requerida para realizar un diagnóstico resulta pequeña en comparación con las pérdidas potenciales de tiempo, recursos y producción.
Enfermedades que siguen presentes
Entre las enfermedades reproductivas detectadas con mayor frecuencia en los trabajos realizados por el laboratorio, Rodríguez citó IBR, DVB, leptospirosis, campilobacteriosis, tricomoniasis, neosporosis y brucelosis.
Uno de los aspectos que genera preocupación, según explicó, es que los indicadores de prevalencia de varias de estas enfermedades no muestran modificaciones sustanciales a lo largo del tiempo. Incluso, advirtió que una menor cantidad de diagnósticos positivos no necesariamente significa que determinada enfermedad haya desaparecido: en algunos casos, simplemente dejó de buscarse mediante análisis.
“Hay enfermedades en las que vemos índices de incidencia o prevalencia mínimos, no porque no existan, sino porque sencillamente no se realiza el diagnóstico”, explicó.
Esta situación plantea un desafío para la ganadería: avanzar desde esquemas sanitarios aplicados de forma general hacia programas construidos sobre información específica de cada establecimiento. Saber cuál es el agente involucrado permite definir qué medidas adoptar y evita destinar recursos a problemas que quizás no sean los responsables de las pérdidas reproductivas.

Equipo de la familia de Cedivep.
De aumentar el rodeo a hacer más eficiente cada vientre
Rodríguez recordó que la visión tradicional de la ganadería estuvo durante muchos años concentrada principalmente en aumentar la cantidad de animales. Actualmente, el desafío es diferente: mejorar la productividad individual y conseguir que una mayor proporción de los vientres genere un ternero todos los años.
Eso significa que el crecimiento de una empresa de cría no necesariamente debe venir únicamente de incorporar más vacas. También puede lograrse consiguiendo más preñeces, reduciendo las pérdidas entre el diagnóstico de gestación y el destete y aumentando finalmente los kilos producidos sobre la misma superficie.
“Hoy no solamente nos enfocamos en aumentar el número de animales, sino en lograr que cada vientre produzca un ternero al año y optimizar toda la cadena reproductiva”, expresó.
En ese proceso, Rodríguez destacó además una evolución en las nuevas generaciones de productores y profesionales, que muestran una mayor predisposición hacia sistemas de manejo sustentados en información, tecnología y evidencia. Según señaló, ya existen establecimientos que incorporaron estas herramientas de manera sistemática y alcanzan resultados productivos y económicos significativamente superiores.
Tecnología para decidir antes y mejor
CEDIVEP acumula 36 años de trabajo vinculado al diagnóstico veterinario y, de acuerdo con Rodríguez, desde sus inicios puso especial énfasis en las enfermedades que condicionan la eficiencia reproductiva.
La evolución tecnológica permitió profundizar ese trabajo. Actualmente, el laboratorio cuenta con herramientas de biología molecular aplicadas al diagnóstico veterinario y participa en investigaciones y trabajos científicos junto con instituciones académicas internacionales, capacidades que buscan trasladar mayor precisión desde el laboratorio hacia las decisiones que se toman en el campo.
Para Rodríguez, disponer de tecnología es solamente una parte de la ecuación. El desafío está en incorporarla dentro de los protocolos habituales de los establecimientos y transformar los resultados laboratoriales en decisiones de manejo y prevención.
“Tenemos la herramienta y tenemos la tecnología. El objetivo es que se utilicen de manera eficiente para poder planificar los programas sanitarios y, finalmente, producir más”, sostuvo.

El veterinario, cada vez más cerca de la gestión productiva
En el Día del Veterinario, que se conmemora este lunes 10 de agosto, el avance del diagnóstico también pone en evidencia la transformación que atraviesa la profesión dentro de las empresas ganaderas.
El veterinario ya no participa únicamente cuando aparece una enfermedad. Su función se integra cada vez más a la prevención, la reproducción, el análisis de información y la construcción de estrategias destinadas a mejorar los indicadores físicos y económicos del establecimiento.
Rodríguez destacó que el laboratorio busca actuar como respaldo técnico para los profesionales veterinarios y otros especialistas vinculados a la producción, aportando diagnóstico y conocimiento para que las decisiones realizadas en el campo puedan contar con mayor precisión.
“Detrás de cada profesional hay mucho trabajo, esfuerzo y dedicación. Nuestro objetivo es ser un respaldo a través del diagnóstico y del conocimiento, proteger la producción y ayudar a construir una ganadería a la altura de lo que el mercado está necesitando”, concluyó.


