En un sábado soleado de abril, con clima de celebración y familias acompañando desde las tribunas, la pista de machos de la Expo Nacional Braford volvió a ser mucho más que una competencia. Fue una declaración de principios. Una síntesis de hacia dónde va la ganadería paraguaya cuando decide apoyarse en genética, eficiencia y visión de futuro.
No fue una jura más. Fue la continuidad de un proceso que ya había tenido su punto más alto el año pasado, cuando Paraguay logró consagrar a la mejor hembra Braford del mundo. Ese antecedente no quedó como un hecho aislado: se transformó en un punto de partida. Y esta pista lo confirmó.
El mensaje del jurado Mustafá Yambay fue claro, directo y profundamente ligado al negocio: el Braford tiene hoy la genética para producir la carne que el mundo está demandando, pero el desafío está en multiplicar ese potencial en volumen.
“La industria pide carne Braford, está siendo muy solicitada, pero nos falta volumen”, sintetizó, dejando una de las frases más potentes de la jornada.
No se trató solo de elegir los mejores animales, sino de identificar aquellos capaces de transformar rodeos comerciales. Toros funcionales, con estructura, con capacidad de desplazamiento, con eficiencia en la conversión y con atributos carniceros reales. Animales pensados para producir, no solo para ganar en la pista.
En ese sentido, la jura mostró una evolución clara: más verdad productiva. “No hay kilos de más ni sobre preparación”, remarcó el jurado al analizar los ejemplares destacados, poniendo en valor la funcionalidad por sobre cualquier artificio.
Un Gran Campeón que sintetiza el modelo productivo
El Gran Campeón, del lote 91 de Ganadera Las Pampas, hijo de Tapenagá, fue la expresión más acabada de ese concepto. Un toro joven, de 31 meses, con 876 kilos y 47 centímetros de circunferencia escrotal, que impactó por su volumen, pero sobre todo por su equilibrio.
“Impresiona por su amplitud de pecho, su desplazamiento y su musculatura bien distribuida”, describió Yambay, destacando además su línea superior firme, la convexidad de costillas y una estructura que acompaña su peso sin excesos.
Indicó que es el tipo de reproductor que no solo mejora un rodeo, sino que acelera procesos productivos. El tipo de toro que traduce genética en kilos de carne.
El Reservado Gran Campeón, del lote 89 de Juan Néstor Núñez, hijo de Experto, mostró otra cara complementaria de la misma moneda: profundidad, corrección estructural y calidad de cortes.
“El Reservado se destaca en la convexidad de costilla, en sus anchos y largos, y en la corrección de sus articulaciones”, explicó el jurado, marcando diferencias finas en una definición muy ajustada.
Mientras tanto, el tercer lugar, para el lote 93 de Cabaña Galileo, hijo de Chaltú y Campeón Senior, terminó de consolidar el mensaje de la pista: longevidad, funcionalidad y capacidad de sostener producción en el tiempo.

Braford: una raza con presente y con responsabilidad
Pero más allá de los nombres propios, la jornada dejó una idea que sobrevuela cada vez con más fuerza en la ganadería regional: el Braford ya no es una promesa, es una herramienta concreta para producir más y mejor carne.
Y en un contexto donde el ternero vale oro, donde la eficiencia define resultados y donde la industria necesita volumen con calidad, esa herramienta se vuelve estratégica.
“Estos animales tienen que ser responsables de desparramar mejoramiento genético en los rodeos comerciales”, insistió Yambay, en una frase que funciona casi como mandato para el sector.
La Nacional Braford volvió a mostrar que el futuro de la ganadería paraguaya no está en una sola variable, sino en la combinación de muchas: genética, manejo, tecnología y visión empresarial.
Pero también dejó algo más intangible y, quizás, más importante: una sensación.
La de estar frente a una raza que crece, que se consolida, que se proyecta al mundo. Y que, en cada pista, en cada toro, en cada decisión genética, construye el camino para producir esa carne que el mercado exige y que Paraguay está en condiciones de entregar.


