La carne atraviesa un escenario internacional especialmente favorable y Paraguay tiene frente a sí una oportunidad que debe aprovechar para profundizar su crecimiento, aunque el próximo salto no debería estar determinado solamente por producir y exportar más, sino por conseguir una mayor diferenciación de su producto en los mercados de alto valor.
De esta forma lo planteó Alba Pettengill, socia de JBS Paraguay, productora ganadera y miembro de la Asociación Rural del Paraguay (ARP), en conversación con Valor Agro. La empresaria, con casi cuatro décadas vinculada al sector cárnico, fue recientemente reconocida por la FAO entre 100 mujeres referentes mundiales de los sistemas agroalimentarios.
“Este es el momento a nivel mundial de la carne, sobre todo de la proteína roja”, afirmó Pettengill, quien consideró que Paraguay está acompañando ese escenario favorable y dispone tanto de materia prima como de condiciones productivas para avanzar hacia una posición todavía más relevante.
Sin embargo, sostuvo que el país tiene pendiente transformar parte de ese crecimiento en reconocimiento de calidad. “La carne paraguaya se está luciendo, aun cuando todavía nos falta pasar de ser un commodity a una carne de reconocimiento de calidad”, expresó.
Para Pettengill, Paraguay ya construyó una presencia importante en diferentes destinos, pero ahora debe apuntar a los segmentos superiores del mercado. Citó como ejemplo a Chile, donde la carne paraguaya tiene una amplia distribución y aceptación, aunque todavía encuentra dificultades para posicionarse con la misma fuerza en determinados segmentos premium. “Somos reconocidos como carne buena, pero nos falta ese top de carne de primera calidad”, explicó.
La empresaria entiende que una de las herramientas para avanzar en ese proceso es profundizar la clasificación y tipificación de las carcasas y, principalmente, conseguir que esa información termine convertida en una señal reconocible para compradores y consumidores. “Tenemos ganado de muy alta calidad, solamente que hay que diferenciarlo”, remarcó.
Según Pettengill, una certificación correctamente estructurada permitiría construir una identidad propia y acercarse al posicionamiento alcanzado por otras carnes de la región. “Podremos diferenciarnos también, como se diferencian las carnes argentinas y uruguayas, a nivel top de producción, no solamente a nivel de producción de proteína siendo un commodity”, señaló.
El desafío cobra todavía mayor relevancia frente al proceso de ampliación de mercados que desarrolla Paraguay. La industria ya accede a destinos como Estados Unidos, Unión Europea, Chile, Israel y otros mercados, mientras continúa trabajando sobre nuevas habilitaciones.
Para Pettengill, destinos de mayor exigencia pueden convertirse también en impulsores de esa diferenciación. “Si vamos accediendo a Japón, si vamos accediendo a México, ellos mismos se van a ocupar de premiar nuestra carne, de la manera que hace Europa con la cuota Hilton. Entonces tenés un diferencial que finalmente llega al productor”, consideró.
No obstante, insistió en que la certificación debe contar con una estructura sólida y credibilidad. “Tenemos que certificar bien nuestra carne, tenemos que certificarla verdaderamente. Tiene que ser una carne certificada a nivel país, de una manera bien reconocida y hecha correctamente”, afirmó.
Pettengill considera que el trabajo debe involucrar al sector público, la industria frigorífica y los canales comerciales. En particular, mencionó el rol de Senacsa para consolidar los sistemas de clasificación y tipificación, además de trasladar esa información mediante un etiquetado que permita identificar diferentes categorías de producto.
El objetivo, agregó, no debería limitarse a los mercados internacionales. También planteó la necesidad de que el consumidor paraguayo tenga la posibilidad de diferenciar una carne premium dentro de los supermercados y pueda comprender por qué determinados productos presentan atributos y valores diferentes. “El paraguayo en el supermercado tiene que reconocer la etiqueta de certificación premium al comprar una carne”, comentó.
Una oportunidad que trasciende al bovino
La visión de Pettengill sobre el crecimiento de Paraguay tampoco se limita a la carne vacuna. Considera que el escenario actual abre posibilidades para construir un país productor y exportador de proteína animal en un sentido mucho más amplio. “La proteína animal no termina en la carne. La proteína animal va al cerdo, va al pollo”, manifestó.
En ese sentido, destacó el crecimiento que está mostrando la producción porcina y señaló que existe un amplio espacio para desarrollar la industria avícola, tanto para abastecer el mercado interno como con una perspectiva exportadora.
Pettengill observó además que la expansión del cerdo y el pollo puede generar una mayor integración con la agricultura paraguaya, fundamentalmente mediante el aprovechamiento del maíz como materia prima para alimentación animal. “Paraguay debe ser, como es Brasil por ejemplo, un país productor de proteína animal por excelencia”, afirmó.
Para la empresaria, el escenario internacional brinda una ventana que difícilmente debería desaprovecharse. Paraguay dispone de ganado de calidad, capacidad de producción, una industria exportadora desarrollada y un proceso de apertura de mercados que continúa avanzando. El próximo desafío, sostuvo, consiste en conseguir que ese producto deje de ser reconocido únicamente por su competitividad y pase también a ocupar un espacio propio entre las carnes diferenciadas.
“La oportunidad que tiene Paraguay a nivel mundial en este momento es única y nosotros debemos aprovecharla íntegramente”, concluyó.


