La posibilidad de que Estados Unidos habilite un cupo extraordinario de 300.000 toneladas de carne bovina libre de aranceles durante 90 días abre una nueva ventana comercial para los países del Mercosur, aunque Víctor Tonelli, consultor ganadero argentino, advirtió que todavía existe incertidumbre sobre la efectiva implementación de la medida anunciada por Donald Trump.
Tonelli explicó a Valor Agro que el contexto estadounidense ayuda a entender el anuncio. En los últimos tres años, Estados Unidos pasó de cubrir con importaciones alrededor del 15% de su consumo de carne vacuna a superar actualmente el 30%, en medio de una caída de su stock ganadero, menor producción doméstica y una reducción de sus exportaciones para intentar sostener el abastecimiento interno.
Según señaló, las importaciones estadounidenses pasaron de aproximadamente 1,35 millones de toneladas a un volumen que este año podría superar los 2,8 millones de toneladas. Al mismo tiempo, los consumidores enfrentaron un incremento promedio cercano al 20% en el precio de la carne durante el último año.
El problema más sensible para la administración estadounidense estaría particularmente en la carne destinada a molienda. “Mientras la carne de cortes finos casi mantuvo el valor, la carne picada o molida ha subido casi el 40%”, explicó Tonelli, remarcando que se trata de un producto de altísima incidencia en el consumo de Estados Unidos, principalmente por su utilización para hamburguesas.
En ese escenario aparece el anuncio de Trump sobre la posibilidad de liberar de aranceles un volumen adicional de 300.000 toneladas durante 90 días, especialmente para carne de manufactura. De concretarse, Tonelli considera que Brasil sería el principal beneficiado dentro del Mercosur, seguido por Uruguay y Paraguay, países que tienen actualmente menores posibilidades de ingresar al mercado estadounidense dentro de cuotas preferenciales.
“Brasil, Uruguay y Paraguay van a estar más favorecidos en términos relativos porque ellos no tienen cuota suficiente y, por lo tanto, todo el mundo prevé que puede haber un aluvión de carne brasileña”, sostuvo.
Argentina también podría incrementar sus colocaciones, aunque parte de una posición diferente. Tonelli recordó que el país dispone de una cuota tradicional de 20.000 toneladas y de un volumen adicional distribuido trimestralmente, por lo que la apertura extraordinaria permitiría ampliar negocios una vez agotados esos espacios preferenciales.
Sin embargo, el consultor planteó que uno de los efectos más interesantes podría darse fuera de Estados Unidos. Una mayor atracción de carne sudamericana hacia el mercado norteamericano reduciría la disponibilidad para otros compradores y podría generar presión alcista sobre las cotizaciones de China.
“Si llegara a salir esto, los precios de China van a volar”, afirmó Tonelli. El escenario cobra particular relevancia porque, según explicó, existe actualmente una ventana en la que la disponibilidad de algunos grandes proveedores está limitada, lo que podría fortalecer la posición comercial de países como Argentina y Uruguay.
En ese sentido, Argentina podría encontrarse con una doble alternativa: aprovechar parcialmente la apertura estadounidense o redireccionar producción hacia China en caso de que el mercado asiático mejore sus valores. “Seguro va a tener un beneficio colateral por mejora de los precios en China”, aseguró.
El movimiento también podría modificar temporalmente la distribución de los embarques argentinos. En los últimos meses, la participación de China dentro de las exportaciones del país cayó desde niveles cercanos al 70% o 75% hasta aproximadamente la mitad, en buena medida por el crecimiento de Estados Unidos y otros mercados. Una modificación en los precios relativos podría volver a alterar rápidamente esos flujos.
Tonelli, de todas formas, pidió cautela respecto a la dimensión estructural de la medida. Consideró que 300.000 toneladas representan un volumen acotado frente a un mercado estadounidense que consume aproximadamente 13 millones de toneladas anuales y enfatizó que el período de 90 días limita considerablemente su impacto.
Además, recordó que meses atrás Trump había anticipado también posibles cambios arancelarios que finalmente no se concretaron. “Mi impresión es que esto tiene más olor a una medida para la tribuna local que a una realidad para el mercado internacional”, expresó, aclarando que se trata de una interpretación personal y no de información confirmada.
Aun así, sostuvo que la expectativa por la medida puede comenzar a modificar las negociaciones incluso antes de cualquier resolución oficial. Los importadores estadounidenses podrían intentar reducir los precios ofrecidos ante la posibilidad de una mayor disponibilidad de carne, mientras que China podría enfrentar la situación inversa ante una eventual competencia adicional por la producción sudamericana.
“Son cuestiones de corto plazo que no cambian ni el escenario, ni la tendencia, ni la nueva era de la ganadería hacia adelante”, resumió Tonelli.
Para el Mercosur, por lo tanto, la eventual apertura estadounidense podría generar más alternativas comerciales, fortalecer la competencia entre destinos y provocar un nuevo reordenamiento de los flujos regionales. Brasil aparece como el país con mayor capacidad inmediata para aprovechar la ventana, mientras Uruguay, Paraguay y Argentina podrían encontrar oportunidades tanto directamente en Estados Unidos como, indirectamente, a través de mejores condiciones comerciales en otros mercados.


