La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) emitió una alerta internacional ante la expansión de un nuevo serotipo del virus de la fiebre aftosa, identificado como SAT1, que ya fue detectado oficialmente en China y Mongolia durante los meses de abril y mayo de 2026.
La situación encendió las alarmas sanitarias en Asia debido a que gran parte de la población ganadera de la región no posee inmunidad frente a esta variante.
Según informó la FAO, el serotipo SAT1 representa un desafío particular porque las vacunas utilizadas actualmente en numerosos países asiáticos no ofrecen protección adecuada frente a esta cepa, lo que incrementa el riesgo de propagación y de impactos económicos sobre la producción pecuaria.
El organismo internacional explicó que este serotipo estaba históricamente restringido al África subsahariana, pero en los últimos meses logró expandirse fuera de su área tradicional de circulación, alcanzando regiones de Asia, Medio Oriente e incluso generando preocupación en Europa.
Ante este escenario, la FAO instó a los países a fortalecer los sistemas de vigilancia epidemiológica, reforzar los controles de movimiento de animales, mejorar los protocolos de bioseguridad y actualizar los planes de contingencia para responder rápidamente ante eventuales focos.
La organización recordó que la fiebre aftosa es una de las enfermedades animales más contagiosas del mundo y afecta principalmente a bovinos, porcinos, ovinos, caprinos y otros animales de pezuña hendida.
Aunque la mortalidad suele ser baja en animales adultos, los brotes generan importantes pérdidas productivas y severas restricciones al comercio internacional de animales y productos de origen animal.
La FAO también señaló que el avance del SAT1 pone de manifiesto la necesidad de una cooperación internacional más estrecha para monitorear la evolución del virus y acelerar el desarrollo de vacunas específicas que permitan contener su expansión.
La advertencia cobra relevancia para los países exportadores de carne, ya que la fiebre aftosa continúa siendo una de las principales enfermedades de impacto comercial a nivel global.
En ese sentido, los organismos sanitarios internacionales insisten en que la detección temprana y la rápida respuesta frente a eventuales brotes son fundamentales para proteger el estatus sanitario y evitar consecuencias económicas de gran magnitud.


