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Creció en la ciudad, compró un tambo viejo y en ocho años es de los más modernos de Neuland

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Creció en la ciudad, compró un tambo viejo y en ocho años es de los más modernos de Neuland

“Cada año los números de los productores están bajando y solo sobreviven los que se apoyan en tecnología y son más eficientes”, afirmó Mark Toews y subrayó: “Hay necesidad de producir más, no solo aumentando el número de vacas, sino incrementando los litros de leche por vacas”.

En tan solo ocho años al frente del establecimiento, “la evolución del tambo fue muy grande”, resaltó.

Toews creció en la ciudad entre Neuland y Loma Plata, y sus 15 años sus padres compraron un campo y “me gustó mucho”. Poco tiempo después entró a la escuela agrícola, terminó y comenzó a trabajar en un programa de apoyo de la Cooperativa Neuland a pequeños productores de leche que están alejados de la fábrica. “Son establecimientos que estaban entre 100 y 150 kilómetros de la planta y debían juntar un buen volumen de leche para hacer los envíos correspondientes”, contó.

Una vez iniciado en la lechería, hace ocho años surgió la posibilidad de comprar el tambo de su tío, actualmente el tambo de la familia Towes. “Primeramente era imposible analizando los números, iba a tardar muchos años en pagar, y así fue, pero acepté el reto”, aseguró.

Era un establecimiento de 150 hectáreas, pero un terreno viejo que se había desmontado en 1986. “Es un campo bien usado y que no producía pasto suficiente para mantener 100 vacas”, explicó y agregó: “Habían vacas recompradas de muchos tambos, mestizas, donde se usaban toros de carne sobre las vacas de leche”.

El empresario aseguró que hubo una “necesidad estructural” de sumar tecnología en el campo. “Había que ir a más en la producción para cambiar los resultados”, añadió.

Dijo que con 150 hectáreas con baja producción “decidí encerrar el cien por ciento de las vacas en producción y me dediqué a hacer forrajes más intensivos”. Y contó: “Hice un techo para forrajear, compré mixer y fuimos modificando la sala antigua de ordeñe a una más moderna, lo que me permitió ir cumpliendo con los objetivos”.

“Sí quería producir en ese marco, con la calidad de la tierra que tenía, era fundamental intensificar”, considerando, además, que “la rentabilidad bajaba cada año con un precio de la leche estable en los últimos ocho años, a pesar que bajó en el año 2020 por los golpes de la pandemia; y con costos de forrajes, insumos y personal que suben anualmente. La única forma de mantenerse es aumentando la producción”.

En tal sentido, Toews contó que en ocho años se ha aumentado en buenos niveles la producción. “La tecnología nos ayudó mucho, primero a ser más estables, ya que antes en invierno la producción subía y en verano baja, sucediendo algo similar con la calidad de las vacas: las mestizas producen durante 4 y 6 meses, y con mejor genética la producción se mantiene por 9 y 10 meses”, explicó.

A lo que señaló: “Hubo inversión en genética, usando fuertemente la inseminación artificial; y también compré embriones para acelerar los procesos productivos”.

Si bien apostando a la tecnología, la alimentación y la genética “no se llegó a dónde se quiere llegar”, “el viaje se acortó y fue de mucha importancia para sostener el negocio”, dijo Toews y sumó: “Hoy el tambo es sustentable si somos eficientes en la producción y cumplimos con inversiones en genética y tecnología”.

Finalmente, comentó que mira su producción en ciclos de largo plazo, de cuatro a cinco años, pero también piensa en el día a día para llegar a cumplir sus objetivos. Y destacó: “Sin el apoyo técnico y financiero no hubiese sido posible encaminar mi emprendimiento, aunque es indispensable que el productor ponga las ganas de trabajar y asuma los riesgos”, cerró.

Fuente: Valor Agro.