La posible consolidación del fenómeno de El Niño en Paraguay durante los próximos meses genera atención en el sector ganadero, principalmente por el impacto que un escenario de lluvias abundantes podría tener sobre la logística, el movimiento de hacienda y la infraestructura rural.
Edgar Mayeregger, responsable de la Unidad de Gestión de Riesgos del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), participó recientemente en Uruguay de una reunión regional con técnicos e investigadores de los países integrantes del Consejo Agropecuario del Sur (CAS), donde se analizaron las perspectivas climáticas y productivas para el Cono Sur.
En conversación con Valor Agregado, explicó que en algunas zonas de Uruguay, Argentina, Brasil y Chile ya comenzaron a observarse señales asociadas al fenómeno, mientras que en Paraguay todavía no se registran impactos importantes. No obstante, las proyecciones apuntan a una mayor presencia de lluvias hacia septiembre y temperaturas más elevadas durante la primavera.
Para la ganadería paraguaya, el escenario presenta dos caras. Una mayor disponibilidad de agua puede favorecer significativamente la producción de pasturas, mejorar la oferta forrajera y generar mejores condiciones para el desarrollo de los rodeos.
Sin embargo, el riesgo aparece cuando las precipitaciones se transforman en excesos y comienzan a afectar campos bajos, accesos rurales y la capacidad de movilizar animales.
Mayeregger indicó que, en establecimientos con zonas susceptibles a anegamientos temporales, será importante anticipar el manejo, identificar sectores altos y disponer de reservas de alimentos como silaje para enfrentar eventuales dificultades.
Pero uno de los puntos que genera mayor preocupación está relacionado con la infraestructura. “Hay una preocupación por la logística de infraestructura, caminos y puentes”, señaló.
Un período prolongado de lluvias podría dificultar el ingreso de camiones a los establecimientos y limitar la salida de animales hacia los centros de comercialización y las plantas frigoríficas.
Esa situación podría tener también efectos sobre el propio mercado ganadero. Una menor disponibilidad temporal de hacienda, no necesariamente por falta de animales sino por dificultades para movilizarlos, podría aumentar la presión compradora de la industria y generar movimientos sobre los precios.
Mayeregger aclaró que se trata de un escenario asociado a condiciones extremas. “Podemos esperar, si es que se dan condiciones extremas, que es lo que no queremos, ese impacto, y eso genera preocupación”, afirmó.
La experiencia reciente de otros países de la región, donde las lluvias ya provocaron campos anegados y problemas para mover ganado, refuerza la necesidad de anticipación en Paraguay.
En ese sentido, el desafío para la ganadería será aprovechar una eventual mejora en la disponibilidad de agua y pasturas, pero al mismo tiempo prepararse para los problemas que puedan generar los excesos, especialmente en materia de accesos y logística.

La agricultura también puede encontrar oportunidades
En el sector agrícola, las perspectivas aparecen inicialmente favorables por una mayor disponibilidad hídrica. Mayeregger sostuvo que el escenario puede generar “la posibilidad de un buen rendimiento porque vamos a tener agua disponible, temperatura adecuada y posibilidades de doble siembra”.
Sin embargo, advirtió que el exceso de humedad también puede incrementar la presión de plagas y enfermedades, por lo que “más que nunca el manejo agronómico es fundamental”.
Además, el momento en que ocurran las precipitaciones será determinante. En trigo, lluvias durante la cosecha de septiembre y octubre podrían provocar pérdidas de calidad, mientras que para soja y maíz el panorama puede ser positivo siempre que la frecuencia e intensidad de las lluvias no terminen generando excesos.
Para Mayeregger, las proyecciones deberán actualizarse mes a mes. El Niño puede ofrecer condiciones productivas favorables para Paraguay, pero en la ganadería el principal punto de atención estará en la capacidad de mantener operativos los caminos, los puentes y el movimiento de hacienda durante los períodos de mayor precipitación.


