En un momento donde la ganadería paraguaya enfrenta el desafío de producir más, con mayor eficiencia y en sistemas cada vez más exigentes, la segunda edición de Confina Paraguay dejó algo más que datos técnicos o recetas productivas: dejó una reflexión profunda sobre hacia dónde va el negocio y, sobre todo, sobre quiénes lo hacen posible.
Durante dos jornadas en el Paseo La Galería de Asunción, más de 400 personas, entre productores, técnicos, empresarios y referentes del sector; se dieron cita en un espacio que logró algo poco habitual: detener la rutina productiva para pensar el sistema desde adentro.
La convocatoria, que volvió a colmar los cupos disponibles, y la presencia de disertantes de Paraguay y del exterior marcaron el peso que empieza a tomar este evento dentro del calendario técnico de la región.
Detrás de esa construcción está Vilomix, impulsora de un congreso que no se limitó a mostrar herramientas, sino que buscó interpelar al productor.
Uno de los motores principales de la organización del evento, Horacio Lima, realizó un balance: “La sensación es de haber cumplido. Vemos una presencia masiva, gente comprometida, y eso habla de que el productor está buscando respuestas”.
Pero el verdadero valor del evento no estuvo únicamente en la convocatoria ni en el nivel de los contenidos, sino en el mensaje que atravesó cada charla: la eficiencia no es una casualidad, es una construcción.
Confina Paraguay se posicionó como un punto de encuentro donde el confinamiento dejó de ser visto como una herramienta aislada para pasar a ser entendido como un sistema integral, donde cada decisión impacta directamente en el resultado final.
Desde la nutrición hasta la sanidad, desde la gestión hasta la tecnología, cada eje fue abordado con un enfoque claro: encontrar dónde está realmente el valor.
“Se presentaron puntos donde está el dinero, aunque no lo digamos directamente. Todo impacta”, explicó Lima. Pero detrás de esa afirmación hay una lectura más profunda: el negocio ya no admite improvisación.
En ese sentido, el evento expuso una realidad que atraviesa a toda la ganadería: la brecha entre quienes gestionan con información y quienes siguen operando por inercia se está ampliando. Y esa diferencia, cada vez más, define quién permanece y quién queda en el camino.
El punto de quiebre: profesionalización o salida
“Estamos en un punto de separación”, afirmó Lima, al referirse al momento actual del confinamiento. Una frase que resume un cambio estructural: el paso de una ganadería tradicional a una ganadería de precisión.
El confinamiento, lejos de ser solo una herramienta para encerrar animales y acelerar procesos, se presenta hoy como un sistema donde cada variable cuenta y donde el margen de error se achica. En ese escenario, el conocimiento deja de ser un complemento para transformarse en una condición necesaria.
Confina Paraguay, en ese marco, funcionó como una plataforma para ordenar esas variables, pero también como un espacio para cuestionarlas.

Horacio Lima, gerente Técnico y Comercial de Vilomix, en entrevista con Valor Agro.
Las personas, el verdadero centro del sistema
Sin embargo, en medio de tanta información técnica, hubo un concepto que sobresalió por encima del resto y que terminó marcando el espíritu del evento: el valor de las personas.
“Todo depende de las personas”, sostuvo Lima, poniendo el foco en un aspecto muchas veces relegado dentro de los sistemas productivos. Y no como una frase hecha, sino como una realidad tangible dentro de los corrales.
En un negocio donde se manejan capitales millonarios y donde cada decisión impacta en kilos, eficiencia y rentabilidad, el factor humano aparece como el verdadero diferencial. Son las personas las que ejecutan la dieta, las que detectan un problema sanitario a tiempo, las que transforman un protocolo en resultado.
“Podés tener la mejor genética, la mejor nutrición, el mejor protocolo, pero si no tenés las personas adecuadas, no hay resultado”, insistió.
Esa mirada, más introspectiva, fue quizás uno de los grandes aportes del evento: invitar al productor a mirar hacia adentro, a repensar no sólo qué hace, sino cómo y con quién lo hace.


