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El petróleo es el mejor termómetro para las bolsas de todo el mundo

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El petróleo es el mejor termómetro para las bolsas de todo el mundo

Desde principios de año, cuando baja el valor del barril, los mercados se derrumban y viceversa. Antes, la baja del carburante era alcista para las bolsas.

Para todos los que se especializaron en Economía y Finanzas en los últimos 40 años, había una ley económica que era muy difícil de quebrar: cuando el precio del barril de petróleo subía de manera significativa, el pánico invadía a los inversores y las bolsas mundiales se derrumbaban. Una fuerte suba del valor del crudo era la señal que anticipaba una crisis económica mundial, lo cual se vio reflejado en los dos grandes shocks petroleros de la década de 1970. En ambos, la importante reducción de la oferta por parte de la OPEP (Organización de los Países Exportadores de Petróleo), que se dio por motivos políticos, provocó una crisis en EEUU, Japón y Europa, hecho que afectó considerablemente el crecimiento económico mundial.

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Pero hoy la situación es diametralmente distinta, a tal punto que la correlación entre el precio del crudo y la evolución de los mercados bursátiles es completamente inversa: cuando baja el valor, los mercados caen, y cuando sube, las bolsas reaccionan positivamente. «En EEUU, el índice S&P 500 ha estado correlacionado con respecto al crudo WTI en un 70% cada día desde principios de año», afirmó el analista Erik Norland, de CME Group. Eso significa que en 7 de cada 10 veces que el precio del petróleo se movió (hacia arriba o hacia abajo), el indicador más representativo de Wall Street siguió la misma tendencia. Incluso esta afinidad fue aún mayor durante febrero pasado cuando llegó al 84%. En cambio, la relación llegó a ser del 12% en 2012, y hasta negativa (como era históricamente) durante 2013 y 2014. «Esta correlación positiva es limitada en el tiempo, porque es contraintuitiva. Desde fines de la Segunda Guerra Mundial, la baja del precio del petróleo es generalmente percibida como una buena noticia», agregó.

Pero claramente, los tiempos han cambiado (y mucho), porque ahora los operadores se levantan cada mañana y lo primero que miran es cómo abrió el precio del barril de WTI o de Brent, ya que les va a dar la pauta de hacia dónde se va a mover el mercado. Más que las estadísticas económicas y financieras estadounidenses o chinas, más que los resultados corporativos (otra gran referencia histórica para los inversores), hoy el petróleo es el gran termómetro para los mercados internacionales.

La gran señal de que no se puede interpretar la relación del commodity energético con la economía usando los marcos de referencia históricos la dio la última reunión del Banco Central Europeo (BCE), el 10 de marzo pasado. Desde principios de año se hablaba de los estímulos que iba a presentar el organismo para evitar que la zona euro se mantuviera estancado y, al mismo tiempo, espantar el riesgo deflacionario. Ese día, el BCE no defraudó las expectativas de los analistas, a tal punto que la reacción de los mercados financieros fue positiva, con subas generalizadas en la mayoría de las principales bolsas. Las acciones empezaron a subir junto con la deuda corporativa y el euro se fortalecía frente al dólar.

Pero un rato después, la tendencia alcista se invirtió: el tipo de cambio se elevó y la renta variable volvió a terreno negativo. Si la primera reacción fue que las medidas de política monetaria habían sido rechazadas, más tarde se entendió el cambio de rumbo en las bolsas: el petróleo había vuelto a caer en Nueva York por debajo de la barrera psicológica de los u$s 40, y con ello los inversores comenzaron a deshacer posiciones para protegerse. ¿De qué?

CONTRA LA TEORÍA

De lo que han venido intentando protegerse los inversores cada vez que el precio del crudo cae es de algo que la teoría no ha podido explicar, por lo menos en los términos de los shocks petroleros de hace cuatro décadas atrás. En primer lugar, la correlación positiva que hoy se vislumbra entre el petróleo y el S&P 500 (del 70%) no tiene justificativo con respecto al peso relativo de las compañías petroleras dentro del índice, que ni siquiera alcanza el 7%. Sin embargo, en los últimos años su peso se reflejó de una manera muy distinta dentro del mundo financiero.

Thomas Friedberger, analista de la consultora Tikehau IM lo explica: «el sector petrolero fue un actor muy importante en los mercados de capitales durante todos estos años, no tanto porque el petróleo haya sido utilizado como activo subyacente en los instrumentos financieros, sino porque las compañías petroleras se endeudaron significativamente para financiar su crecimiento, lo que las llevó a aumentar su nivel de exposición frente a los bancos, principalmente en EEUU. El problema es que estas empresas tomaron deuda sobre la base de previsiones de flujos de fondos que no se cumplieron por la baja del precio del crudo».

La situación toma otro sentido cuando se lo ve desde esta perspectiva. Si las compañías del sector petrolero representan menos del 7% del S&P 500, las del sector financiero explican un 16% del índice. Y el temor a que algunas empresas petroleras declaren un default por no poder pagar sus deudas es grande entre los inversores, de ahí que consideren que los bancos corren peligro por esta deuda tóxica de las empresas más afectadas por las bajas que está en su poder.

«Cuando el precio del petróleo sube, calma el miedo de un alza de cesaciones de pagos en el sector; cuando cae, esta preocupación se acrecienta», en la visión de Norland. Si a esto se le agrega que existen empresas petroleras de países emergentes (el mejor ejemplo es Petrobras) que tienen que lidiar con la caída del precio del barril junto con una suba del dólar (y de su endeudamiento), el escenario se vuelve muy complicado. Así que hasta nuevo aviso, el crudo va a marcar el paso de las bolsas de todo el mundo.

 

Fuente: 5Dias